Primera | Valencia 0 - Real Madrid 0

Iker salva al Madrid

Casillas magnífico detuvo el penalti decisivo. Beckham decepcionó. Oliveira, el peligro del Valencia

<b>SALVADOR</B>. Casillas volvió a realizar algunas paradas que fueron decisivas para que el Madrid no saliera de Mestalla con algún gol.
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Si no tuviera a Vicente del Bosque en proceso de beatificación me lo imaginaría riéndose como el perro pulgoso. Su sucesor en el cargo, Carlos Queiroz, de fina estampa caballero, afronta los mismos problemas con los que se encontró él. El equipo es esplendoroso, rutilante. Pero si juegan todos los buenos (criterio deportivo-empresarial y no rechisten) se desequilibra. Este desajuste pasa inadvertido la mayoría de las veces, pero se convierte en problema cuando el adversario es un peso pesado o simplemente pesado. Así ocurrió ayer, aunque el Madrid acabó ganando el Trofeo Naranja, gracias a la actuación de Casillas, el galáctico de guardia.

El partido comenzó rudo, espeso. En su planteamiento inicial, Queiroz se equivocó al dejar las bandas libres para Salgado y Roberto Carlos. Esto sirve para jugar contra los Dragones de Jackie Chan, y es hasta gracioso, pero contra rivales de enjundia es contraproducente. La incorporación del lateral en el juego de ataque ha de ser una sorpresa, un complemento para el interior o el extremo, pero jamás debe convertirse en la única alternativa, precisamente porque se hace previsible. Además, despejar las alas anula a Figo, que se pierde en el centro del campo, y hace lo mismo con Beckham, que no sabe dónde meterse para hacer sitio a Salgado.

Consecuencia de todo esto, en la primera parte el juego del Madrid, sin brazos, se colapsaba en el centro del campo. La mayoría de las circulaciones terminaban con un futbolista que recibía de espaldas, con un defensor en la chepa que, lógicamente, le arrebataba la pelota. Y cada uno de esos robos era una contra del Valencia, peligrosísima si no fuera porque los locales tampoco aprovechaban las bandas, flojo el debutante Jorge López y Vicente, un tanto libertino.

Si dominó más el Valencia fue porque su centro del campo tiene nombres y forma definida, y también porque sus jugadores de vanguardia estuvieron más prestos al desmarque y menos agobiados, todo hay que decirlo. Como delantero centro debutaba el brasileño Oliveira, que es como Carew pero pasado por Copacabana, un tipo grande con ciertas virtudes todavía por determinar.

En el Madrid también había novedades. El estreno de Beckham en España resultó tirando a calamitoso. Ni centró, ni mandó, ni tiró faltas. Eso sí, vio una amarilla, y con cierto garbo. Antes de que se extienda el rumor (purita verdad) de que Beckham no se va de nadie sería interesante que el entrenador lo situara en el centro del campo, acompañando al pivote que resulte elegido. Desde esa posición se convierte en un futbolista relevante, tal vez el único capaz, junto a Guti, de jugar en largo.

El otro punto de atención del partido se centraba en el rendimiento de Cambiasso, sustituto de Makelele. Hay que decir que cumplió con nota, aunque se empeñó demasiado en ejercer las mismas labores destructivas y monótonas del ahora sublevado. Y Cambiasso es más jugador que eso, tiene más llegada, otros recursos, ya se vio hace un año.

En la segunda mitad, Queiroz intentó corregir el desbarajuste estratégico y sitúo a Figo en la derecha, a Zidane en la izquierda y como pivotes a Cambiasso y Beckham. Estéticamente el dibujo ofrecía más armonía, pero sacrificaba la imaginación de Zidane, lo único que movía al Madrid. Tampoco Figo estaba para muchas profundidades, ausente Raúl, desasistido Ronaldo.

Oportunidades. Y no quiere decir esto que no hubiera ocasiones, las hubo y clarísimas, pero en las porterías estaban, seguramente, los mejores guardametas de España, Casillas y Palop, uno bendecido y el otro no. Ellos fueron los responsables de que el encuentro se decidiera en los penaltis, en su terreno. Ellos y los postes, pues allí se estrellaron dos chutazos de Canobbio y Oliveira.

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Ya en los lanzamientos, el suspense se rompió cuando Pellegrino, pobre, fue el encargado de tirar el decimotercer penalti, el 13. El argentino, que todavía debe estar en tratamiento por el penalti que falló en la final de la Champions, volvió a equivocarse y vio cómo Casillas atrapaba su disparillo.

El posterior gol de Cambiasso dio al Madrid su primer trofeo de la temporada, excluidas las sombras chinescas, pero no despeja las dudas que genera su fútbol, demasiado caótico, sin rigor táctico, que era lo pretendido cuando se contrató a Queiroz. El Valencia tampoco aclara nada: sigue siendo un equipo fabuloso sin gol. Lo más justo hubiera sido partir el trofeo por la mitad y dar una parte a cada uno, pero se trataba de una Copa muy bonita. Aunque la Liga lo será más.

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