Primera | Real Madrid

Cansancio y flores al llegar a Bangkok

20.000 personas siguieron la sesión

<b>FLORES PARA TODOS</B>. Beckham volvió a ser el más agasajado. Recibió más collares de flores que nadie.
Carmen Colino
Editora Jefe de Eventos deportivos
Editora jefe de Eventos Deportivos. En AS desde 1996, de ellos 22 años en la sección del Real Madrid siendo responsable de la misma desde 2006. Dos años en redes sociales y ocho de responsable de Verticales y Actualidad. Vicepresidenta de la Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid. Colaboradora de El Chiringuito de Pedrerol, Atresmedia.
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La gira del Real Madrid toca a su fin. En los rostros de los futbolistas se nota que el cansancio acumulado va haciendo mella. La expedición se encontró ayer al aterrizar en Thailandia con la misma parafernalia que en Kunming, Pekín, Tokio o Hong Kong. Eso sí, mucho más gritones. Si se hubiese medido los decibelios, los thailandeses habrían roto todos los registros. En el aeropuerto, los recibieron los trabajadores. Un autobús (parecido al Gran Hermano por las pegatinas exteriores) los trasladó al hotel, donde esperaban dos mil personas. Collares de flores, danzas típicas y el himno del Centenario del Madrid recibieron al equipo.

Por la tarde, los jugadores aparecieron en el campo al son del We are the Champions. Queiroz dispuso un entrenamiento de recuperación para los que jugaron el partido ante la selección de Hong Kong y otro un poco más duro para los suplentes. Sin Figo, que se recuperará del sóleo en Madrid, el resto disfrutó con las 20.000 personas que poblaron el estadio Nacional de Bangkok. Lo de menos resultó la sesión. Lo más interesante fue la entrega sin condiciones de la gente y la reciprocidad por parte de los madridistas. La entrada era libre y hubo un momento en el que los organizadores tuvieron que cerrar las puertas porque el estadio se hubiera llenado.

Mientras daban vueltas al campo, los jugadores no dejaron de saludar. Si Beckham hacía un quiebro, gritos. Si Ronaldo esprintaba, más gritos. Si Zidane metía un gol, aullidos. Pura pasión futbolística.

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Al termino de la sesión, los madridistas tuvieron el detalle de lanzar una veintena de balones hacia las gradas para regalárselos al público. Incluso hubo una vuelta olímpica para despedir a una afición que quizá hoy no pueda ir al partido porque el precio sea demasiado excesivo para permitírselo.

Al final, como si de un partido de Copa de Europa se tratara, los madridistas se unieron en el centro del campo y dieron las gracias por el cariño mostrado por un público enfervorizado. Esta vez, la música elegida fue la Copa de la Vida, de Ricky Martín, himno del Mundial de Francia 98.

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