Primer aviso
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Rossi es joven pero tiene las cosas claras. Por eso no deben sorprendernos sus declaraciones a nuestros compañeros de Motociclismo. Valentino ha repetido hasta la saciedad, como argumento recurrente, que el corre en moto porque le gusta y le divierte, asegurando con contundencia que el día que deje de ser así no tendrá reparos en cambiar de aires (los rallys le esperan). Y es mucho más que palabrería. Sólo hay que verle competir y celebrar sus triunfos para no tener duda alguna de que el campeón del mundo de MotoGP es un niño grande que se lo pasa también en grande con su lucrativa pasión: las motos.
Ahora es víctima de su propia grandeza, del inconformismo intrínseco de la condición humana. Se siente perseguido, acosado, criticado, presionado... Se le exige más que a los demás, más que a nadie quizá, y eso se antoja como una carga demasiado pesada para un genio que tiene cosas mejores que hacer que dar explicaciones o justificarse. Sólo quiere correr en motor, intentar ganar y dejar de lado otros asuntos que considera menores. Desde luego que le escuece, y cómo, que le ganen, pero quizá menos que cuanto acarrean paralelamente sus derrotas. Por eso lanza su primer aviso...
