Algo más que un lateral
Alguien importante me dijo una vez que los laterales, especialmente el derecho, eran males necesarios, posiciones que se podían cubrir casi con cualquiera, siempre que no molestara mucho. Debo decir que no estuve de acuerdo, incluso me indigné (moderadamente, ya digo que era alguien importante) y traté de citar míticos laterales de mi infancia como Kaltz o Briegel, a los que mi interlocutor calificó de "excepciones", o Cafú y Roberto Carlos, de los que se limitó a decir "esos son brasileños", como si recurrir a futbolistas de aquel país fuera además de una obviedad una muestra de mi ignorancia lateral.
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Admito que aquello me dejó aturdido. No hacía mucho tiempo el capitán de mi equipo de fútbol 7 (de nombre La Cañería, no estamos en Champions) me sugirió que jugara de lateral derecho. Y yo no soy brasileño. Pueden comprender que me invadió una profunda depresión. Decidí rastrear en la Liga española en busca de un gran lateral (en ataque y en defensa) con el que pudiera desmontar aquella macabra teoría. Pero no lo encontré. Belletti no servía, era brasileño.
Descubrí entonces que tal vez la mejor forma de entender la importancia de Roberto Carlos es por comparación: no hay nadie igual. Nos conformamos con que un lateral sea un gran defensor (Maldini) y si la sabe sacar jugando le liberamos de la humillación y le ponemos de interior. Hay que reconocerlo, despejamos la zona en cuanto hay talento. Por eso mismo, la baza de Roberto Carlos es un elemento diferenciador, un arma poco común, un genio en extinción y sería también un consuelo si yo fuera brasileño, o por lo menos zurdo.