"Mi corazón me guió a mi novia"


Tras su colección de segundos puestos, ¡por fin!
Tantos segundos eran mala suerte, pero ahora no los cambio por esto. Sabía que algún día alcanzaría algo importante siendo fiel a mi filosofía de atacar, confiando en mi instinto y en mi perseverancia. Hubo días de rabia, pero la alegría ha llegado en el Tour del Centenario. He inscrito mi nombre en estos cien años.
¿Cuándo ideó esa celebración del arco y la flecha?
Es la tercera vez. Ya lo hice en etapas de Aragón y Bicicleta Vasca (en 2001). Empezó como un juego, pero quería repetirlo porque todo el mundo me gastaba las mismas bromas: a ver si afinas la puntería, a ver si tensas el arco... Por fin me he recreado dejando una flecha en el Tour.
Tenía usted información privilegiada en Toulouse, ¿no?
¡Sí! (se ríe). Mi novia, Lourdes, trabaja muy cerca de la meta y yo me he acercado muchas veces a Toulouse para verla. Conocía el recorrido y eso me ha ayudado, porque ataqué en el último sitio posible para sacar diferencias. Según me acercaba a la llegada, yo sentí como mi corazón me iba acercando a ella.
¿Este triunfo servirá para encontrar un patrocinador?
Ojalá, pero ése no es mi trabajo. Los ciclistas estamos para dar pedales y vivimos centrados en el Tour, unidos y tranquilos. El nerviosismo viene más de afuera. No sé si servirá, no tengo una bola de cristal. No pienso en enero.
Usted hace la Copa del Mundo. ¿No es atípico?
Sí, soy atípico en España, porque me gustan las clásicas, sobre todo las de pavés. Igual que soñaba con el Tour, sueño con Flandes o Roubaix. No sé si las ganaré algún día, pero voy a seguir intentándolo.
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¿Cambiaría esta etapa por una gran clásica?
Una victoria no se cambia por nada. Ésta marcará el resto de mi vida, porque es un recuerdo mío y nadie me lo podrá quitar ya. Luego, si gano una clásica del norte tendré otro momento para abrir el disco duro y disfrutar.