Milito: de Bernal Oeste a Chamartín
El central nació y se hizo futbolista en este arrabal bonaerense situado al suroeste de la capital. Sus padres: "El Madrid no se va a arrepentir de haberlo fichado"


Nada ha cambiado en la familia Milito a pesar de que Gabriel sea, a sus 22 años, todo un ídolo en Argentina. La misma casa situada en Bernal Oeste donde nació y vivió hasta que se casó con Silvina hace unos meses sigue siendo el lugar de reunión preferido de su familia los fines de semana. A medida que uno se interna por la jungla en la que se ha convertido el extrarradio bonaerense, comprende que la historia de Milito se asemeja a la de tantos otros futbolistas que salieron de los arrabales que rodean Buenos Aires. El taxista nos advierte de que el puente por el que cruzamos sirve de límite a la capital. "A partir de aquí estamos en Avellaneda. Allí, a la derecha, a mitad de la cuadra (manzana) pueden ver el estadio de Independiente, y justo enfrente, el de Racing. Por eso, siempre que hay un clásico, se monta el quilombo".
A unos 10 kilómetros de ese punto, en dirección suroeste, comienza el término municipal de Bernal, una población de casas unifamiliares de aspecto lúgubre estructurada por calles paralelas que se cortan entre sí hasta el infinito. En Buenos Aires, Bernal está catalogado como un barrio de clase media, pero dista mucho de cumplir con ese canon en Europa. Por fin llegamos al número 476 de la calle Fleming, el hogar de los Milito. Sólo una pequeña reforma de la vivienda la hace diferente a las que la rodean. Gabriel vivió allí desde que nació hasta que se casó el pasado diciembre. Entonces se mudó a Quilmes, la siguiente población en dirección suroeste.
Jorge y Matri, los padres de Gabi, aguardan dentro de la vivienda con una bandeja de café preparada sobre la mesa. Luego se incorporarían a la conversación los abuelos maternos del futbolista. Indagando en las raíces de Milito se puede encontrar una explicación a su fuerte carácter. Por sus venas corre sangre española (su abuelo materno, Antonio Elizari, nació en Pamplona) e italiana (su padre es oriundo de Terranova de Síbori). Paradójicamente, Matri, la madre, se debate entre la alegría de que a su hijo se le haya presentado la oportunidad de su vida y la tristeza de sentir que se aleja de ella: "Ya he dicho que nunca más iré a la cancha de Independiente. No tiene sentido, él ya no está".
Jorge Milito se aleja de los sentimentalismos y empieza a explicarnos, orgulloso, la trayectoria de su hijo: "En realidad empezó a jugar al fútbol aquí, con nosotros. Tenemos un quincho (patio) con una pequeña piscina y una canchita de fútbol y su abuelo hacía pareja con Diego y yo con Gabriel. El viejo y yo jugábamos a enfadar a Gabi. Tanto, que empezaba a trabarnos. ¡Y ya sabía dar patadas con seis años! Luego, cogía la pelota bajo el brazo y se marchaba dejándonos allí plantados. Siempre tuvo mucho carácter. El Madrid no se va a arrepentir de haberlo fichado".
Noticias relacionadas
"Fue en el Viejo Bueno, un equipo del barrio, donde dio sus primeras patadas a un balón jugando con un equipo en una cancha de tierra de fútbol-7. Como vimos que él y su hermano servían, los llevamos a que hicieran las pruebas a Racing, por cercanía, y allí que se quedaron los dos. Luego a Gabi se le presentó la oportunidad de fichar por Independiente con 12 años. Al poco tiempo de estar con los Rojos lo saltaron tres categorías. Recuerdo que en el primer partido de Liga el técnico lo sentó en el banquillo y llegó a casa llorando. Los tres chavales eran tres años mayores que él. Entonces le dije: "Pero vos qué preferís, ¿estar en el Segunda B jugando de titular o estar en el Primera en el banquillo?. Era muy chico, pero paró de llorar y nunca más habló de aquello".
Matri insiste en hablar sobre la personalidad de su "pequeño": "Es noble y muy responsable, un chico muy serio. Diego era mucho más disperso, siempre de acá para allá. Aun siendo más pequeño, Gabi cuidaba de su hermano cuando estaban en la calle. Es un hombre de palabra. Para él tiene más validez que un papel escrito. Jorge interrumpe a su esposa: "¡Habló la madre! ¡Cómo no! Si el chico entra por la puerta y lo primero que hace es abrazarla como un pulpo y matarla a besos...".