El ciclismo es deporte de especialistas

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

El macizo de la raza ciclista se encuentra en Francia, Italia y España. Lo podrán ir comprobando en la magnífica serie que inicia hoy Bernardo Salazar sobre la historia del Tour, que ahora cumple sus cien años de historia. El Tour lo inventó un francés y franceses fueron todos los ciclistas que subieron al podio en las primeras ediciones. Luego, entre las apariciones también de belgas y holandeses, se hicieron presentes los italianos y, más tarde, los españoles. Ese macizo sigue vigente hoy en día. El 59% de los participantes en el Tour del Centenario proceden de Francia, Italia y España.

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El ciclismo moderno, sin embargo, les ha rebajado de categoría. No son ganadores; más bien, trabajadores. Ciclistas franceses, italianos y españoles hay muchos (118 de los 198 participantes en el Tour), pero buenos, muy pocos. No hay más que ver la clasificación del prólogo: primero, un australiano; segundo, un británico; cuarto, un alemán; quinto y noveno, dos colombianos; sexto y séptimo, dos estadounidenses; décimo, un ruso. Si nos alargamos hasta el 14º puesto nos encontramos con que el 85% de los clasificados no son de ninguno de esos tres países que suman el 59% de los participantes.

La inversión de esas cifras se debe a que la tradición ciclista en Francia, Italia y España permite que los corredores no tengan dificultad para colocarse en los equipos aún sin garantizar triunfos, mientras que en otros países sólo salen adelante los mejores a través de un proceso de selección natural. Allí suele suceder que uno se hace ciclista para ganar, no para ser gregario, salvo que resulte un gregario excepcional. Sólo salen adelante los especialistas y por eso, aunque sean pocos, se les ve mucho. Ayer, si no es por los nuestros, habría que pensar que el macizo de la raza ciclista está en vías de extinción.

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