Manzano remató 76 km en solitario con un triunfo épico
Heras y Pecharromán reservaron fuerzas para la crono de mañana

Llívia es una localidad de ensueño para el amante de las escapadas en solitario. El año pasado, José Manuel Maestre (Relax-Fuenlabrada) se llevó el gato al agua al aprovecharse de una fuga y ayer le correspondió ese papel a Jesús María Manzano (Kelme-Costa Blanca), madrileño como Maestre. Y es que este final de etapa, pese a haber pasado previamente por tres puertos de primera y uno de segunda, tiene un descenso final que permite al aventurero rematar en la meta.
Manzano, buen escalador, recibió la orden de Vicente Belda de mover la carrera en la primera montaña del día, el Alt de La Masella. Allí se llevó a unos cuantos hombres pegados, entre los que destacaba Óscar Freire, aunque el terreno no fuera para él. El pelotón se mantuvo poco activo, un tanto apático, viendo como esos corredores se iban con facilidad. Nadie daba señal de lucha por detrás y eso lo aprovechó el Kelme, que también había metido a Iván Parra y Quique Gutiérrez, que tiró del grupo hasta que su compañero decidió irse solo hacia el triunfo. Quedaban 76 kilómetros y Manzano saltó para no volver. Pasó dificultades en el último puerto, el Coll dEgat, pero alcanzó la cima a base de pundonor. El descenso le sirvió de alivio.
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El ganador, natural de Zarzalejo (Madrid), proviene del mundo del mountain bike y ayer obtuvo su segunda victoria como profesional. La primera fue en 2001, en la Vuelta a La Rioja, bajo un impresionante aguacero. Su papel en el equipo era seguir a Óscar Sevilla toda la temporada, pero la lesión del líder del Kelme ha provocado que Manzano se dedique a lo suyo. En Llívia se salió.
A 12 segundos del madrileño llegó el grupo de favoritos. Los que se jugarán la Volta, Roberto Heras y José Antonio Pecharromán, no movieron ficha. Ambos confían en sus fuerzas en la contrarreloj de mañana.