La seguridad es el punto débil de un circuito que apasiona
Los riesgos en un trazado urbano son mayores que en uno permanente, aunque la velocidad se modera.

Jenson Button tuvo ayer un accidente en Mónaco durante los entrenamientos libres. Perdió el control de su monoplaza BAR-Honda en la variante de la entrada al puerto, el punto más rápido del trazado. Circulaba a unos 290 km/h y el impacto recordó al que mantuvo en estado de coma durante una semana a Karl Wendlinger en 1994. Por suerte, es probable que el piloto hasta corra hoy el gran premio pero el incidente pudo costarle un serio disgusto. Son los inconvenientes de un circuito urbano, carente de las escapatorias habituales en los permanentes. Sin embargo, a los pilotos no parece preocuparles esta circunstancia y jamás se ha planteado que Montecarlo fuera una pista peligrosa.
Y quizá no lo sea, aunque desde luego que tampoco reúne las garantías de seguridad de los circuitos convencionales. La mejor garantía que se puede ofrecer es la de la reducción de la velocidad. Si un piloto pierde el control de su monoplaza, es muy difícil que pueda esquivar el impacto, así que lo razonable es que cuando éste se produzca sea lo más despacio posible. Si es que eso de despacio tiene algún significado en la Fórmula 1.
La vuelta rápida del GP de Mónaco del pasado año se dio a 155,492 km/h, lejos de promedios del estilo de los 249,289 km/h de Monza o los 233,884 km/h de Spa-Francorchamps. La estrechez de la pista, la poca adherencia del asfalto, las chicanes y el virado trazado se encargan de frenar a estos misiles sobre ruedas.
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Pese a todo, a la salida del Túnel (dónde falló ayer Button) los coches van a casi 300 km/h. Casi nada. Si un piloto pierde el control de su monoplaza a esa velocidad y sin posibilidad de rectificar, las consecuencias pueden ser terribles. Y si se encuentra en carrera, acompañado por sus rivales, acechan colisiones múltiples espectaculares. Entonces nadie se escapa y se organizan montoneras como la de la primera edición de la prueba en 1950 (con nueve coches implicados), 1962 (cinco) o 1980 (cuatro). En Montecarlo no hay sitio para adelantar, ni siquiera cuando se trata de esquivar a un monoplaza desbocado.
El GP de Mónaco también ha sufrido sucesos luctuosos. Dos son las víctimas que se ha cobrado la carrera más prestigiosa del Mundial. La primera, un comisario de pista que fue embestido en 1962 por el BMR del estadounidense Richie Ginther; la segunda, el piloto italiano Lorenzo Bandini, en un accidente durante la competición de 1967. Un saldo lamentable pero menor de lo que podría preverse a la vista de las características del circuito.
