No tan Angliru
El Zoncolan brindó un bello espectáculo, pero confirmó que no es tan duro como el coloso asturiano. Ganó Gilberto Simoni. Pantani y Aitor resucitaron


Más que un Angliru italiano, el Zoncolan fue un Anglirino. Y eso que en su punto máximo de pendiente supera con un 27% a la montaña asturiana. Pese a ello, el puerto de ayer sólo tiene de coloso los tres últimos kilómetros. Y retorcerse sobre la bicicleta, lo que se dice ir de lado a lado de la carretera, tan sólo se les vio en los 1.500 metros finales. Eso no restó para que fuera una jornada bella de ciclismo, aunque no tan espectacular como se había anunciado.
Quizá esas altas expectativas provocaron cierto conservadurismo en los líderes. Pero el guión se cumplió parcialmente. Simoni atacó al empezar las rampas duras, pero cuando cruzó la meta descubrió que tan sólo había metido 34 segundos a su gran rival, Stefano Garzelli. Mañana habrá otro etapón de montaña con final en el alto de Pampeago, otro puerto durísimo, y Gibo tendrá que volver a la carga. Es su terreno.
Por lo demás, el Zoncolan también fue una jornada de resurrecciones. Lo más entrañable fue ver cómo Pantani enloquecía a la afición italiana cuando subía hombro con hombro con Garzelli en busca de Simoni. En el último tramo se vino algo abajo y acabó quinto. Pero a más de uno se le puso la carne de gallina recordando viejas gestas del Pirata.
El otro resucitado fue Aitor González, que ayer sí estuvo buena parte de la etapa con los favoritos, cuya estela perdió en los dos últimos kilómetros. Al final fue noveno, a 1:30 minutos. Su rendimiento conduce a la conclusión de que quizá su único problema es que ha venido más corto de la cuenta de preparación. Si la lógica se cumple, Aitor deberá ir a más. El Giro ya está perdido, pero puede cazar alguna etapa.
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Aitor fue la cara del ciclismo español junto a Fito García Quesada, que se metió en la fuga del día y fue protagonista hasta que el Zoncolan comenzó a dictar su ley.
Pero también hubo cruz, más bien cruces. Isaac Gálvez no tomó la salida por las secuelas (fuerte contusión en glúteo y cadera) de la tremenda caída que sufrió en la volata del día anterior con Mario Cipollini, quien tampoco partió. Además, Carlos García Quesada tuvo un accidente en el km 123 y se marchó a casa con un fuerte dolor testicular. La noticia es pésima para el Kelme, porque ambos eran los líderes para el sprint y la montaña, respectivamente. El equipo de Vicente Belda se queda ahora con sólo seis ciclistas (vino con ocho) y el pelotón español se reduce a nueve.