Una decisión meditada
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Gil ha explotado y no parece que vaya en broma. No es un bravata habitual. Los pañuelos ante Osasuna el día del Centenario fueron la gota que colmó el vaso de su paciencia. Sus allegados sabían que en Marbella seguía meditando su decisión de hacer las maletas. Los sapos que se ha tenido que comer esta campaña han sido los de Futre y Luis, con los que no ha comulgado, y ofreció su cabeza para dar sensación de tranquilidad. Encima surge la figura de Ignacio del Río y termina de rematarle. El 15 de julio del año pasado envió una carta a Álvarez del Manzano, asegurando que el responsable de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid le había confirmado que, mientras la familia Gil siguiera al frente, el club no recibiría ayudas.
Su órdago ya está sobre la mesa y reta a la oposición a que llegue con dinero y no ofrezca la venta del Calderón como solución. La semana que viene dará explicaciones al Consejo de Administración pero parece que nadie le va a quitar la idea de irse. Tampoco le gusta que de forma reiterada, cuando preside los partidos del Calderón, le tengan que insultar. Ahora pide que le quiten las hipotecas que tiene, y luego cuando falle el Supremo será el momento de hablar de las acciones que le dieron la mayoría y que ahora están embargadas por la Audiencia Nacional. Durante toda la jornada de ayer estuvo en su casa de Marbella y no cambió de planteamientos. Su intención es desaparecer de forma inmediata y que tanto Cerezo como su hijo Miguel Ángel hagan la transición para que entre sabia nueva. Se ha cansado de ser el malo de la película. Espera con tranquilidad si habrá gente dispuesta a poner dinero de su bolsillo o a lo mejor tiene que volver de salvador.
