No hay bigotes como los de antes
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Recuerdo que cuando los infantiles de los Escolapios nos enfrentábamos al Real Madrid era una experiencia única. Y terrorífica. Nosotros éramos adolescentes con pelusilla y ellos lucían un incipiente bigote y unas amenazadoras piernas peludas (la memoria es caprichosa). Eran todos altos como torres, excepto el once y el siete, que eran bajitos (también con mostacho), aunque rápidos como liebres. Si jugábamos bien perdíamos por siete y si se daba mal por doce. Sin embargo, nuestra experiencia más humillante no fue uno de esos resultados. Sucedió un día que uno de los jugadores del Madrid, el más alto y velloso, se disponía a lanzar una falta directa. En la barrera estábamos aterrorizados. El tipo corrió hacia nosotros como una locomotora, pero justo antes de chutar se detuvo en un amague inesperado. Aún recuerdo su cara y la de nuestro entrenador. El balón no se había movido y la barrera estaba en el suelo, todos en posición fetal, tapándonos los ojos y las partes, rezando algunos.
Hoy me dicen que la cantera del Madrid se ha poblado de medias puntas finísimos, algunos hasta bajitos (León, Jurado...). Me cuentan que no salen centrales, que faltan defensas curtidos, que se peinan como Beckham, que no hay centrocampistas que puedan hacer lo que Flavio (correr). No me lo creo. Los hay. Pero cuando les llega el momento se dispersan por otros equipos de Primera y disfrutan de glorias menores. Es cierto que la cantera ya no arrasa, pero lo achaco a que todo el fútbol ha crecido, no sólo el Madrid. Admito, eso sí, que las promesas copian exquisiteces que en la primera plantilla se reservan a los galácticos. Tal vez falten bigotes como los de antes.