Fútbol femenino | Athlétic 5 - Híspalis 0

San Mamés se rindió a las leonas

El Athletic femenino se proclamó campeón de la Superliga. Bilbao volvió a regar un título con cava

<b>BILBAO VIBRÓ CON LAS CHICAS</B>. Más de 30.000 personas acudieron ayer para ver cómo el equipo femenino se proclamaba campeón.
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Los viejos muros de San Mamés, que tantas gestas han vivido, retumbaban al mediodía, a la inusual hora del ángelus, abarrotados con las más de 30.000 personas que se acercaron a presenciar el encuentro entre el Athletic femenino y el Híspalis, broche del viejo sueño de Javier Uria de impulsar la sección femenina del club que ayer se engalanaba con el título de la Superliga. La larga travesía del fútbol femenino en el desierto de campos llenos de calvicie y gradas con apenas 200 aficionados pertenecía a la prehistoria. Así lo entendían las jugadoras del Híspalis, equipo que preside y entrena Sebastián Borrás, quienes saltaron al campo con una camiseta reivindicativa en la que se leía "Gracias Bilbao por el apoyo al fútbol femenino".

Más concreta era la leyenda que lucían las elásticas de las jugadoras de Iñigo Juaristi. "Aurrera, Nere" por delante y "Eserrik Asko Denorik" por detrás. "Adelante Nerea" (la capitana Nerea Onaindia, compañera sentimental del técnico, se encuentra a las puertas del quirófano por una grave lesión de rodilla...) y "Gracias a todos". La salida de los dos equipos en un ambiente de cordialidad, reforzado con la visita al busto de Pichichi con un ramo de flores (es tradición que lo hagan todos los equipos que visitan San Mamés por primera vez...) fue el combustible que encendió los motores de unas gradas espolvoreadas de pancartas de aliento a las jóvenes leonas.

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A medida que los goles fueron cayendo pese a la esforzada defensa andaluza, San Mamés era un revuelo cada vez mayor. Desde quienes solicitaban la gabarra —la decisión del club es que no se sacará el legendario transporte, pero sí habrá algún tipo de celebración especial— a quienes elogiaban la destreza de Iraia en la banda derecha -diecisiete años y un desparpajo inusual con el balón en los pies...— o el exquisito toque de Ibarra, sin olvidar la ambición rubia de Eva, quien se congratulaba al término del partido de haber acabado como máxima goleadora del equipo, junto a Nerea Onaindia.

San Mamés se rendía a la práctica femenina. Todo era euforia; desde los cánticos de La Catedral a la ola mexicana. Tzibi, hermana del técnico y pura fantasía, hizo el 1-0 a la media hora de partido y rasgó el cielo de una afición que revivió el fútbol como hacía tiempo que no lo hacía en San Mamés, con el champán de los títulos.

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