Fiel a su historia
Ni siquiera el espantoso partido que ofreció el Atlético ante el Osasuna, impidió la fiesta del Centenario.

Ni siquiera el espantoso partido que ofreció el Atlético ante el Osasuna, impidió la fiesta del Centenario. La afición rojiblanca volvió a estar por encima de sus jugadores. ¡Qué nos quiten lo bailao!. La hinchada dejó a un lado el sufrimiento habitual del Calderón. La derrota es lo de menos. El Osasuna recibe un balón de oxígeno, y los rojiblancos son fieles a su historia para dejar un sabor amargo a su gente en fecha tan señalada. Poco importa. Gracias, Atlético, por enseñarnos el dulce sabor de la derrota.
De salida, el Osasuna salió ambicioso. Fue a buscar al Atlético a su área y a la gente de Luis se le nublaron las pocas ideas que tiene su centro del campo. Encima Luis García se lesionaba en el minuto dos. Pablo García y Gancedo no dejaban a los rojiblancos ni una sola alegría. Los navarros eran los que ponían las ocasiones. Izquierdo, Rosado y Gancedo llevaron el miedo a unos atléticos fuera de sitio. Al final llegó el tanto de Rosado que hacía justicia. Por enésima vez esta temporada los madrileños eran un bloque sin sentido, que no tenía cerebros, estaba partido y buscaba, como los mediocres, el recurso del pelotazo para crear peligro.
Triste. En el segundo tiempo siguió la sinrazón atlética. Pese a los cambios de Luis: cuándo se dará cuenta de que Movilla es superior a Albertini. Los madrileños no creaban ocasiones de gol, salvo dos remates de cabeza de Javi Moreno. Osasuna se apretó más sobre su área y tuvo una vida más que contemplativa. Nunca estuvieron asfixiados y siempre se mostraron dueños de la situación. De manera absurda José Mari se fue al banquillo y Correa no tuvo su oportunidad.
Pese a este desastre, la gente se entusiasmó con el castillo de fuegos artificiales del final. Su Atlético está a la deriva y va a morir este año con un esquema que no se ajusta a la plantilla que tiene. Osasuna toca la salvación con la manos. La milongada de la UEFA ya no convence a nadie por el Calderón. Lo mejor que le puede pasar a los rojiblancos es que acabe esta campaña de manera rápida. Le espera un recta final llena de aburrimiento. Luis debería tomar buena nota del planteamiento lógico y sereno de su colega Aguirre. Supo manejar sus virtudes y defectos en plan maestro y con humildad.
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