Ciclismo | Flecha Valona

Astarloa caza por fin una gran clásica belga

España, que nunca había pisado podio en esta carrera, copó ayer los dos primeros puestos con Igor y Aitor Osa

<b>DECISIVO HUY. En la imagen, el muro de Huy, que se subió tres veces. En el primer paso se formó la fuga.
Juan Gutiérrez
Subdirector de AS
Subdirector de polideportivo. Ha desarrollado toda su carrera en AS desde 1991. Cubrió dos Juegos Olímpicos, siete Mundiales de ciclismo y uno de esquí, 12 veces el Tour y la Vuelta, seis el Giro… En 2007 fue nombrado jefe de Más Deporte, puesto que ocupó hasta 2017, cuando ascendió a subdirector en las áreas de Motor, Baloncesto y Más Deporte.
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Perdón por el símil futbolístico. Pero un servidor, que sufre la gloriosa pena de ser del Atlético y de ver casi siempre ganar a otros, ayer recuperó las sensaciones del doblete rojiblanco de 1996, tras presenciar la victoria de Igor Astarloa en la Flecha Valona. Y hasta se me escapó la misma exclamación que entonces: "¡Qué ganas tenía!".

Que un español gane una gran clásica no pasa todos los días. De hecho, no ocurre casi nunca. Desde que Miguel Poblet dobló en la Milán-San Remo (1957 y 1958), no había caído una grande. Es más: en Bélgica, ni grande, ni chica. Ninguna carrera de un día. Y en la Flecha Valona en cuestión, ni un puesto en el podio.

Por eso, cuando Astarloa y Aitor Osa ascendían ayer en cabeza el terrible muro de Huy, con pendientes del 20%, el orgasmo fue doble. Más bien múltiple. Igor sintió cierto temor ante un rival más escalador. Pero los muros de las clásicas no son como los puertos convencionales. Un ciclista potente se adapta mejor. Y Astarloa aguantó el tipo hasta el cartel de 200 metros a meta. Allí arrancó. Y Osa, desfondado, ni amagó.

¿Y quién es Astarloa? Un hombre que en la reina de las carreras amateur, el Memorial Valenciaga 1997, acabó tercero tras Freire y Horrillo. Fue premonitorio, porque los tres son amantes de las clásicas. Y abren camino. En 1999 emigró a un equipo italiano aficionado, el Saretina, donde se enamoró de las carreras de un día. Martinelli le pasó a profesionales. Y en 2002 llegó la explosión: dos segundos puestos en la Copa del Mundo (San Sebastián y Hamburgo) y la cuarta plaza final. Incluso llegó con opciones a la última carrera, donde perdió hasta el podio por valiente.

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"Estaba harto de ser segundo", dice Astarloa. Pues ya tienes una grande. Porque, para los no iniciados, la Flecha Valona es una de las clásicas más prestigiosas pese a no integrar la Copa del Mundo por política de la UCI, que prefiere universalizar el ciclismo llevando la competición a otros países, donde hay pruebas sí puntuables, pero con menos solera.

Astarloa tuvo suerte. La del campeón. Porque su fuga se formó muy lejos, en el primer paso por Huy, a 135 km. Allá se marcharon una quincena de ciclistas. Mientras, detrás, los favoritos se perdían en un "tira tú". Y se les escapó la liebre. ¡Qué ganas tenía!

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