Ronquido extremo

El 13 de abril, en mi día de descanso, puse ilusionado La 2 para ver la París-Roubaix y encontré motocross. Luego se emitió un resumen, tan breve que apenas apareció el pavés. Este domingo insistí con la Amstel Gold Race, pero TVE se había vuelto a olvidar de la Copa del Mundo para dar un documental de Grecia. Así que salí pitando a AS para ver Teledeporte o Eurosport, dos televisiones no accesibles para todos.
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Eso sí, La 2 ofreció la Vuelta a Aragón, una carrera que, salvo el primer día en Cerler, fue aburrida hasta el ronquido extremo. En el fondo, la televisión pública no tiene toda la culpa. Bastante hace con no dejar morir a las insulsas rondas nacionales. En realidad es una larga enfermedad del ciclismo español, que centra sus esfuerzos en carreras somnolientas, pero ignora parte del espectáculo de verdad. Aquí las clásicas no existen. Y últimamente ni siquiera el Giro de Italia.
La culpa es de todos. De los medios de comunicación, por narrar gestas en carreras de segunda como si fueran de primera. De los organizadores, por empeñarse en hacernos tragar sprints y minutos interminables de podio a la hora de la siesta. Y de los equipos, porque el Kelme prefiere llevar a Valverde a Aragón en vez de foguearlo en las clásicas, porque la ONCE y el ibanesto renuncian al Giro... Y porque esto tiene difícil remedio.