Ciclismo | Vuelta al País Vasco

Valverde anticipa un futuro de gloria

El murciano de 22 años conquistó su primera gran victoria

Juan Gutiérrez
Subdirector de AS
Subdirector de polideportivo. Ha desarrollado toda su carrera en AS desde 1991. Cubrió dos Juegos Olímpicos, siete Mundiales de ciclismo y uno de esquí, 12 veces el Tour y la Vuelta, seis el Giro… En 2007 fue nombrado jefe de Más Deporte, puesto que ocupó hasta 2017, cuando ascendió a subdirector en las áreas de Motor, Baloncesto y Más Deporte.
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Como escribe González Linares, "Alejandro Valverde es un ciclista para soñar". Cierto. En un futuro cercano, cuando empiece a sumar gestas, habrá que recordar la frase. Y también que 2003 fue la temporada de su estreno. Ya ganó este año la Challenge de Mallorca, pero esa clasificación es oficiosa y no está reconocida por la UCI. Lo de ayer es otra cosa. La Vuelta al País Vasco es una de las más grandes del calendario internacional. Y el murciano del Kelme se doctoró ganando un poderoso sprint.

Valverde es más que un ciclista prometedor. Es excepcional. Rebosa clase por todos sus poros, exhibe hechuras de campeón. Hay deportistas que tienen un aura, un duende, un no sé qué... Y este murciano de Las Humbreras es uno de ellos. En categoría sub-23 ya mostró su voracidad: en 2001, con 21 años, ganó la Copa y el Campeonato de España de una tacada. El Kelme tiene aquí oro de muchos quilates.

La edad es su mejor credencial. Valverde sólo tiene 22 años (el día 25 cumplirá 23). Está en plena formación. Como ejemplo, valga su anécdota en el Luis Puig. Allí, al Kelme se le escapó el triunfo porque el murciano no supo lanzar a Isaac Gálvez. "Es que no lo he hecho nunca y no sé cómo se hace", fue su ingenua disculpa. Necesita tiempo para pulirse.

Hoy no será una derrota si pierde el liderato en la exigente etapa de Santesteban, donde el Fassa Bortolo (con Frigo y Basso) y el Euskaltel (Mayo, David Etxebarria, Samuel Sánchez...) buscarán dinamitar la carrera. De hecho, el equipo vasco ya anticipó ayer sus intenciones lanzando un ataque en cadena en Zaldiarán (a 12 km de la meta) con ese mismo trío.

Pase lo que pase, nadie le quitará ya la alegría de ayer en el sprint. Ángel Vicioso no pudo defender el amarillo porque se encerró en las vallas. Los Gerolsteiner ya celebraban el triunfo. Fabien Wegmann le dio incluso una palmadita en la chepa a su compañero Davide Rebellin y levantó el brazo en señal de triunfo. Pero por la derecha apareció el baby Alejandro. Foto-finish. Y a soñar.

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