A Óscar Freire le derrotó su valentía
El cántabro cambió de táctica en la Milán-San Remo y se metió en una fuga. La jugada salió mal y acabó séptimo, aunque satisfecho.


La leyenda del ciclismo sólo la forjan los valientes. Por eso la séptima plaza de Óscar Freire, a pesar de ser su peor clasificación en la Milán-San Remo (3º en 2000 y 5º en 2002), no deja un sabor tan amargo. Y por eso mismo, hay que descubrirse ante el poderoso vencedor Paolo Bettini, que ha empezado esta Copa del Mundo igual que terminó la anterior: como líder.
Freire tenía la corazonada de que la Classicissima no iba a acabar este año al sprint. Y también de que la principal rueda a marcar era la de Bettini. Siguiendo su instinto, Óscar reaccionó al ataque del Grillo en la subida a la Cipressa (a 25 km), el primero de los dos puntos decisivos de la carrera. Allí se formó un temible quinteto donde también entraron Alexandre Vinokourov y Davide Rebellin, además de Mirko Celestino, que ya andaba por delante. Juan Antonio Flecha estuvo a punto de enlazar igualmente, pero se desfondó.
El majestuoso póquer abrió hueco hasta sumar 15 segundos. La clave era llegar al Poggio en esta situación. Por detrás, la responsabilidad cayó exclusivamente en el equipo de Mario Cipollini. La fuga tenía buena pinta hasta que empezaron las jaimitadas. Vinokourov no tiraba porque detrás estaba su líder Erik Zabel, Celestino se hacía el despistado... Y el quinteto sucumbió en las faldas del Poggio.
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Los capturados cayeron en ese momento en un eventual estado de desmoralización. El propio Freire reconoce que ya sólo pensó en el sprint. Y entonces surgió la magia. Luca Paolini, impresionante, se acercó a Bettini y le dijo: "Ánimo, vamos a intentarlo otra vez. Yo ataco y tú te vienes conmigo". Y así fue. A ellos se pegó el antes remolón Celestino y enlazaron con Danilo di Luca, que había arrancado un kilómetro antes. Dos Quick Step contra dos Saeco. Di Luca entró entonces en crisis. Dos contra uno. Paolini se vació en favor de Bettini. Y el Grillo venció.
Freire quedó séptimo en el sprint del grupo, que, por cierto, ganó el presunto enfermo Cipollini, que rodó en cabeza toda la Milán-San Remo. ¡Gran comediante! Ahora sólo queda una duda. ¿Se equivocó Óscar saltando en la Cipressa en lugar de haber guardado fuerzas para responder a los ataques en el Poggio? Ahora, en frío, la respuesta es fácil: Sí. El cántabro tuvo ese error táctico. Pero en las clásicas hay que tomar decisiones rápidas en décimas de segundo. Y Freire asumió los riesgos. El ciclismo es para valientes.