Freire va a por la Copa del Mundo
El cántabro quiere acabar con el único terreno aún vedado a los españoles


La quinta de 1976 aspira a ser mágica. Porque sólo a un mago o a un loco se le ocurriría querer cambiar la cerrada y tradicional tendencia del ciclismo español, siempre dedicado a las grandes vueltas. Las clásicas suenan a chino, o más bien a belga, a italiano, a holandés... Pero resulta que ese año nacieron dos druidas dispuestos a variar el rumbo. Dos mejor que uno. El vasco Igor Astarloa, cuarto en la edición de la Copa del Mundo 2002, y el cántabro Óscar Freire, doble maillot arcoiris, se presentan hoy con firmes aspiraciones de reinar en las clásicas. El reto comienza mañana con la Milán-San Remo.
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Desde que Freire ganó su primer Mundial en 1999, las clásicas se han convertido en su objetivo. Aún no ha ganado ninguna, pero ha sido segundo (París-Tours 2001), tercero (Milán-San Remo 2000)... Y quizá mañana caiga la primera. En este tipo de carreras, no hay que tener prisas, porque cuenta sobre todo la experiencia. El cántabro ya ha ido acumulando conocimientos sobrados en las tres últimos años. Y llega crecido tras haber derrotado a Cipollini, quien quizá no corra mañana por culpa de problemas intestinales.
Astarloa, por su parte, puede presumir de ser el español que mejor clasificación ha conseguido en la general final. El año pasado terminó cuarto. Y sólo su valentía y su orgullo de campeón le privó del podio. Llegó al Giro de Lombardía, la última prueba, con opciones matemáticas de ganar la Copa del Mundo, tras haber sido segundo en Hamburgo y San Sebastián. Para ello tenía que anotarse la carrera y que Bettini no puntuara. El vasco intentó el milagro, pero perdió el órdago.