Lección del Niño
Fernando Torres volvió a marcar las diferencias con un gran gol de la victoria ante un Málaga que siempre fue ambicioso

El Mono Burgos tiene que tener una salud de hierro. Sus compañeros le brindaron una victoria angustiosa y al borde del ataque cardiaco en los últimos minutos. Por el Calderón nadie conoce lo que es la tranquilidad. Con sangre, sudor, lágrimas y mucho de suerte, sacó el Atlético adelante un envite supercomplicado ante un Málaga valiente, osado y que al final notó el cansancio de su gesta europea.
El fútbol no es una ciencia y en muchas ocasiones está lleno de injusticias. El Atlético se retiró con ventaja al descanso cuando el Málaga había puesto el juego y las ocasiones. Pese a los deseos rojiblancos de dar un homenaje al gran ausente, el Mono Burgos, y condicionados por la bronca semanal de Luis, la realidad es que no hubo metamorfosis en los atléticos. Fútbol tedioso, aburrido e inexistente de su centro del campo. Mucha entrega y cero en calidad. Los de Peiró movían con sentido el balón, entraban bien por las bandas y Darío era el tábano que provocaba desconcierto en una defensa en la que Coloccini y Esteban eran los baluartes.
La primera conclusión es que el Atlético tendrá que apelar a la vía criminal para luchar por Europa como apelaba su entrenador. Romero, Gerardo y posteriormente Miguel Ángel controlaban la zona central. Jorge no enganchaba con sus puntas y la tela de araña malacitana daba sus frutos. Manu y Musampa tuvieron el empate, pero Esteban estuvo diligente. Era la pelea de la cabeza contra el corazón. Los madrileños iban pasados de revoluciones y no tenían una cabeza pensante que imprimiera la pimienta del juego vertical y aparcase tanto pase horizontal. Salvo una maravillosa triple bicicleta del Niño, poco más quedó en la retina de cuarenta y cinco minutos bastante mediocres y de poca enjundia.
Desmelenado. Tuvo que ser el Niño el que rompiese el partido. Se inventó un gol de superclase, dejando sentado a Fernando Sanz, y colocando suavemente el balón fuera del alcance de Contreras. El Atlético parecía lanzado. Llegaba con fluidez y el portero malagueño tenía que multiplicarse. Incluso se adivinaba el espejismo de que la historia del encuentro estaba firmada.
Sin embargo, el Atlético es diferente y en una gran penetración de Manu, maravilloso partido el que se marcó por la derecha, reducía distancias. Poco después era el pésimo árbitro el que se sumaba a la cita y expulsaba tanto a Luis García como a Darío Silva por dos acciones estúpidas, sendas patadas al balón que merecen que le metan en la nevera. Ya hasta el final fueron minutos de histeria. Peiró sacó a Dely Valdés buscando su cabeza salvadora y Luis colocó a Aguilera por Carreras para tapar el socavón que le estaba haciendo Manu.
Fueron los rojiblancos los que estuvieron más cerca de aumentar las diferencias, pero Contreras sacó su clase a disparos de Movilla, Fernando Torres, José Mari y Jorge. El Málaga murió en el área de Esteban, siempre impecable, y no pescó más, ya que Coloccini siempre taponó a Dely Valdés. Al final respiró el Calderón, que ya está acostumbrado a padecer hasta los minutos finales. El partido fue vibrante, de ida y vuelta, y se decantó por la magia del Niño, que si tiene su día es imparable.
EL DETALLE
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Tarjeta por tirar la camiseta
La primera tarjeta de Luis García fue cuando al festejar su primer gol se quitó la camiseta y la arrojó al Frente Atlético. El colegiado no le perdonó.
