Rubén Navarro: la maleta siempre hecha

Rubén Navarro se encontrará esta noche en Mendizorroza con Jorge Valdano. La vida ha cambiado mucho para ambos. Rubén dejó Valencia para hacerse futbolista; Valdano cambió el chándal y los focos de Mestalla por un traje de ejecutivo que le llevó al Madrid como director general. La vida los juntó aquel 15 de junio de 1997. Ese día, el argentino hacía debutar al delantero en Primera División.
Rubén Navarro abandonó su localidad natal, Sallent (Barcelona), con 18 años para probar fortuna en el complicado mundo del fútbol. Y recaló en Valencia allá por el año 1996. En la capital del Turia se hizo hombre y también creció como futbolista. Allí descubrió la gastronomía de la zona y, como casi todos, se enamoró de la paella. La competitividad que encontró en el equipo ché le obligó, otra vez, a hacer las maletas y fijó su residencia en una ciudad que no tiene nada que ver con Valencia.
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Se fue al interior y dejó la brisa marina para recalar en Soria. En el Numancia consiguió su objetivo: jugar partidos. Entonces demostró su valía y se hartó de meter goles durante las dos temporadas que duró su experiencia en el conjunto soriano (17 goles de rojillo). Sus buenas maneras no pasaron inadvertidas para la secretaría técnica del Alavés y en el año 2001 recaló en la escuadra albiazul para intentar paliar la salida del club de Javi Moreno. Otra vez la maleta a cuestas. La tercera vez en seis años. La primera temporada en Vitoria no fue buena para él. Le costó adaptarse y abrió el interrogante sobre su continuidad. Este año la cosa ha cambiado y ha demostrado que no se le ha olvidado jugar al fútbol (lleva 6 goles, dos más que en toda la pasada campaña).
Rubén tiene 24 años. No tiene novia, es un hombre tranquilo, que vive alejado de las aglomeraciones nocturnas y que prefiere pasar inadvertido, como uno más. Sólo tiene clara una cosa: el fútbol es una maleta. Siempre hay que tenerla hecha.