Del Bosque le ponía de ejemplo
Óscar Téllez (Mejorada del Campo, Madrid, 1975) tuvo una infancia complicada, pero el fútbol le sacó de apuros. Posee un fuerte carácter, pero una gran humanidad.


Me encantan los perros porque uno se puede fiar de ellos; son nobles, le gusta decir a Óscar Téllez, que posee dos rottweiler, Kimo y Kira, de los que se ha tatuado su efigie en cada brazo. Una raza dura y una filosofía descarnada para un chico de Mejorada del Campo (Madrid) al que la vida no le ha venido nunca de cara. Sus circunstancias familiares no fueron las ideales, porque proviene de una familia humilde en la que el dinero nunca sobró y sí los problemas. Por eso su carácter es rocoso, pero a la vez posee una gran humanidad (por ejemplo, le pagó una delicada operación a su hermano ) y unas fuertes convicciones, como las que le llevaron a no acudir al funeral de José Luis Compañón, presidente de honor del Alavés, porque un agnóstico no podía pisar la iglesia, algo que le acarreó críticas. Gonzalo Antón le tiene el aprecio de un hijo y Mané le estima por ir siempre de frente. Los galones que luce en el Alavés y en el fútbol nacional se los comenzó a ganar en la cantera del Real Madrid, donde Del Bosque al que profesa una gran admiración y respeto le ponía de ejemplo para sus compañeros por su espíritu de lucha. Desde ahí se fue a buscar las habichuelas, para mantener a la familia, al Moscardó, de Segunda B, e inició una carrera basada en la honestidad que le llevó hasta la Selección. Ahora el tobogán de la vida le empuja hacia abajo, pero a Téllez le sobra casta.