Ciudad Real logra su victoria más notable
El orgullo de campeón del Portland resultó insuficiente
El Ciudad Real, aspirante a campeón, llevaba dos años en el pelotón de cabeza sin redondear su grandeza en la Liga. No coronaba su candidatura a notable con victorias en las canchas donde se juegan los títulos. Ayer, por fin, sí. Venció en la pista del Portland, actual campeón liguero, hasta ahora inexpugnable, y se convierte en la primera alternativa sólida al título.
Fue, además, en un partido de altura aunque rodeado de aspectos tan atípicos que resulta complicado explicar el choque. De entrada, el Portland rodeado de dudas, con sus dos cerebros jugando con los meniscos rotos, sin concentración y empobrecido, era pasto fácil de un grupo en vena liderado por Alberto Entrerríos. El Portland daba pena; llevaba tres goles en 20 minutos. Cuando se rompió definitivamente Jovanovic, cuando Richardson (¡jugó ataque y defensa, y fue el mejor de los suyos!) dijo, bueno, vamos a ver hasta dónde aguanto, todo empezó a cambiar. Sobre todo, porque el Portland se centró, dejó de regalar balones, y comenzó la remontada imposible en una segunda parte cardiaca.
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Media hora de dureza extrema, salpicada de exclusiones (ocho locales por tres visitantes), permitieron ver un partido de enorme intensidad por la manera en que se fajaron los que iban a remolque y los que mantenían la delantera.
La providencial entrada de Malumbres en su portería le dio alas al Portland, encogió al Ciudad Real, y el juego entró en un enorme barullo. Los visitantes, de ganadores con aquellos ocho goles de renta en la primera parte, se quedaron con sólo uno. El partido entre dos grandes planteles estaba en su pulso definitivo. El orgullo del Portland parecía que era capaz de obrar una remontada de lujo en circunstancias épicas. Pero el Ciudad Real es mucho equipo; tuvo lucidez y paciencia para contrarrestar el vendaval y rubricar el triunfo.
