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Mágico: el genio indisciplinado

Primera | Barcelona

Mágico: el genio indisciplinado

Mágico: el genio indisciplinado

marcos

‘Mágico’ González (13-3-1958, El Salvador) dejó destellos de su genial locura en el Cádiz y el Valladolid y también muestras de su amor por la noche. Maradona se declaró admirador suyo y Menotti, un exquisito del fútbol, se lo llevó con el Barça a una gira por América.

Diego Maradona le bautizó un día como el auténtico genio del fútbol, lo que aleja cualquier sombra de duda. No brilló en el Mundial de España, pero tenía reservado todo su talento para poco después. Llegó al Cádiz el verano de 1982 y habrá siempre un antes y un después. Y no sólo en el Cádiz, sino en todo el fútbol español. Dejó para siempre obras de arte como la vaselina a Sempere en Mestalla o un golazo maradoniano al Barcelona en el Carranza, el mismo equipo al que se enfrentará hoy y del que dijo ayer que le tenía "mucho respeto, al igual que a Cádiz y a su afición".

Su fragilidad aparente y su talento para inventar le marcaron desde el principio. Nadie sabrá jamás hasta dónde hubiese llegado con disciplina y un plan riguroso de entrenamiento. Antes de brillar en Cádiz y Valladolid, Jorge ‘Mágico’ González sólo había asombrado en El Salvador. Doña Victoria Barillas de González le trajo al mundo el 13 de marzo de 1958 y empezó a enamorarse del fútbol junto con dos de sus hermanos mayores. Su hermano José le llevó a entrenar con el Tigres con sólo diez años, y de allí pasó a los juveniles del Brasil y después al Antel. Tenía quince años, y su magia intacta. Un salto al Independiente salvadoreño le colocó ya en al lucha por el título de Liga antes de pasar al FAS. Allí empezó a sonar en toda América, en un equipo que él lideró y llegó a disputarle al Olimpia paraguayo la final Interamericana. Incluso probó en el Universidad de Guadalajara mexicano, pero se frustró el traspaso a última hora. Mejor para el Cádiz y el fútbol español. Todo sucedió muy rápido. El debut en la selección, el famoso hexagonal de Tegucigalpa que clasificó a El Salvador para el Mundial 82 con sólo dos goles en cinco partidos, aquella goleada encajada (10-1) en Elche ante Hungría y vuelta a casa tras la primera fase.

La atracción de Mágico González quedó intacta a pesar de todo. Sus siete años en España le encumbraron. Primero en el Cádiz, después en el Valladolid y de nuevo en el Cádiz, Mágico nos dejó algunas de las mejores perlas de las últimas décadas. Aquellos destellos de clase, y también los escándalos nocturnos y los retrasos en los entrenamientos. Cuando Menotti le solicitó para una gira por América con el Barça no extrañó a nadie. Su vuelta al FAS para terminar su carrera aumentó más aún el mito en Cádiz. "No sé cuánto aguantaré en el campo, ya que tengo panza y juego con la joroba", advirtió ayer. Pero algo hará. Un grande entre los grandes.