La fatalidad rojiblanca
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No hay más explicación que la de apelar al gafe natural que habita en el Calderón. Cuando el Atlético parece que quiere salir de su orfandad futbolística de toda la temporada y se marca el mejor primer tiempo de este año, resulta que no acertamos con el penalti que se inventa el Niño. Lo tira Correa y Westerveld le adivina el palo al que lo tira. Poco más se puede decir. Hemos fallado el cincuenta por ciento de este tipo de lanzamientos. Quizás Luis debería dedicarle su tiempo a los especialistas de los 11 metros. Está muy bien ensayar las faltas, pero si no sabemos el catón es como para cerrar la tienda. Estas facilidades son típicas de una entidad atípica como es la rojiblanca.
Tampoco termino de comprender algunas decisiones. Si al principio se le da los galones de capitán para los penaltis al Niño, uno debe morir con esta decisión y no cambiar como si aquello fuera una ruleta rusa. Albertini, que al parecer es el segundo de la lista, debe dar la cara en estos momentos para apelando a su mayor experiencia sacar partido de su inteligencia en el campo. Detalles que se tienen que ir puliendo. El futuro, pese a la derrota, es esperanzador. La estructura ya se comienza a conseguir, después de toda una vuelta de Liga, y lo que es más importante el balón ya es el eje sobre el que se centra el juego de la plantilla atlética.
