El atlético huye del boato y el dinero
No admitimos a cualquiera. Ser atlético es una virtud y Roncero sabes que somos la mejor afición del mundo.
Tomás nunca podrás ser atlético. Es una virtud con la que se nace. Los rojiblancos huimos del boato, la pajarita, las apariencias, el dinero y los centro de poder. Nos gusta la rebeldía como principio. No cambiamos los vaqueros y unas cañas de cerveza con los amigos, por una visita al restaurante de moda o una noche de ópera. Los triunfos por principio nos aburren. El dulce sabor que representa ganar un doblete después de 100 años de historia no está al alcance de cualquiera.
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El espectáculo del Calderón lleno en Segunda no entra en tu mentalidad de niño pijo que tanto abunda entre tu gente madridista. Es un concepto llamado fidelidad que en el Bernabéu solamente se digiere en función de los títulos que se alcanzan. Nuestra cosecha siempre ha sido escasa, aunque conseguida en base al sudor y al sacrificio. Ni siquiera contamos con el aliado de la suerte que tantas veces ha sido vuestro jugador número doce. San Isidro nos abandonó en la Copa de Europa. No importa. No renunciamos a nuestra forma de vivir.
Sé que sueñas con poder ver a los Rolling, una de las atracciones de nuestro Centenario. No somos remilgados. Sabina será el que invente el himno y Ketama nos hará bailar al ritmo de sus rumbas. No tenemos fuegos artificiales. Nos juntaremos todos los atléticos, con la tortilla al hombro y montaremos una feria que hará historia en Madrid. No aburriremos a la gente. Sin embargo no arrojaremos la toalla. Somos los reyes de la utopía y nos gusta, no nos cambiarán nunca, seguir dando a los grandes quebraderos de cabeza. Roncero, cambia de acera.
