Ciclismo | Chava Jiménez

"Los aficionados me piden que vuelva"

El año más triste de Chava Jiménez está llegando a su fin. Una depresión derrumbó al ídolo y le mantuvo toda la temporada inactivo, pero el escalador de El Barraco está a punto de levantar el vuelo. Ahora se está entrenando entre tres y cuatro horas en Gran Canaria.

Juan Gutiérrez
Subdirector de AS
Subdirector de polideportivo. Ha desarrollado toda su carrera en AS desde 1991. Cubrió dos Juegos Olímpicos, siete Mundiales de ciclismo y uno de esquí, 12 veces el Tour y la Vuelta, seis el Giro… En 2007 fue nombrado jefe de Más Deporte, puesto que ocupó hasta 2017, cuando ascendió a subdirector en las áreas de Motor, Baloncesto y Más Deporte.
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—Termina 2002, el peor año de su vida. ¿Qué le pide a 2003?

—Que no sea como 2002 y, por encima de todo, salud.

—¿Qué le ha enseñado 2002?

—Me ha enseñado la dureza de la vida, lo mal que lo pasan muchas personas... La enfermedad no es algo que se pueda elegir, viene cuando viene y hay que combatirla con mucho sufrimiento.

—¿En este 2003 que se avecina, volveremos a verle competir?

—Eso espero. Por experiencia sé que tras un año malo, viene uno bueno. Ahora estoy entrenándome bien. Me sobra algún kilo, pero no es preocupante. Ninguna temporada he estado tan fuerte en diciembre. Pero lo más importante es que he recuperado las sensaciones sobre la bicicleta.

—¿De qué depende su vuelta?

—De nada. En el Banesto me han dicho que tengo las puertas abiertas, pero me piden que esté tranquilo, que no me precipite y que espere a que los médicos digan que puedo correr. No creo que tenga ningún problema. ¡Si Eusebio Unzué me viera lo que bien que me estoy entrenando!

—¿Sigue usted de baja médica?

—Sigo de baja, pero por precaución. Ya me han quitado casi toda la medicación, pero no se puede dejar de golpe. Mi psiquiatra, el doctor Sherzman, se ha portado increíble y estoy muy agradecido.

—¿Por qué quiere volver?

—Para mí es importante que ahora estoy volviendo a sentirme deportista. Antes veía imposible regresar, pero ahora sé que puedo... Pero si quiero competir es sobre todo por los aficionados, porque me gustaría agradecerles todas las muestras de cariño que me han brindado. No he parado de recibir llamadas, mensajes... Más de una carta me ha hecho llorar. La gente me pide que vuelva y yo debo complacerles.

—¿Recuerda algún mensaje o carta en especial?

—He recibido mucho cariño y no me gustaría destacar uno. Sobre todo me dicen que yo he sabido sufrir y ganar en mi deporte, y que con esas armas debo superar mi enfermedad. ¡Cómo ha cambiado todo! Antes me parecía casi imposible volver a correr, no veía el final a mi depresión... Ahora sé que puedo. ¡Son increíbles las sensaciones que estoy teniendo de nuevo sobre la bicicleta!

—¿Desde cuándo se entrena?

—Desde que acabó la Vuelta. Se ve que cuando terminó la temporada me quité la presión.

—¿Por qué se ha ido a Canarias?

—He venido aquí buscando el calor... Con estas temperaturas es más fácil entrenarse. Estoy en Maspalomas, en el Gloria Palace, donde se están portando genial conmigo. Estoy disfrutando mucho de Canarias y de la bici.

—¿Cuál fue su peor vivencia?

—Lo peor fue la época en la que pensaba que no podría salir. Por un desliz personal me vi metido en una enfermedad que te consume: no sabes dónde estás, qué quieres... No te enteras de la vida.

—¿Por qué tardó usted tanto tiempo en contar lo que le ocurría? ¿Por qué se escondía?

—Porque mi médico me decía que era mejor no tener contactos con mi vida pública, porque podrían hacerme daño, y que debía relajarme y no obsesionarme con el ciclismo. Por eso muchas veces no he contestado a las llamadas.

—¡Tanto le perjudicaba el contacto con el ciclismo!

—Sí. Si alguna vez me acercaba a alguna carrera me llevaba un disgusto enorme y luego me tiraba cuatro horas llorando. Tenía que desconectarme del ciclismo, porque me hacía mucho daño.

—¿Quién le ayudado más?

—He tenido el apoyo de amigos, de la familia... pero sobre todo de Azucena. Ella ha aguantado con una fortaleza impresionante. Me ha demostrado que es superior a mí en carácter y en valor.

—Su familia ha sufrido mucho.

—Lo sé. El problema es que mi familia tiene un establecimiento público y allí iban muchas personas contándoles tonterías. Eso hacía que se preocuparan mucho más.

—¿Quién le ha decepcionado?

—Sobre todo algunos que pensaba que eran mis amigos y que me han defraudado, porque han ido por ahí hablando de más, diciendo cosas sólo para hacer daño.

—Se ha relacionado su depresión con sus salidas nocturnas.

—¡Ya! Soy un hombre público y cuando salgo me ve mucha gente. Me gusta la fiesta, pero se exagera todo y se inventan cosas. Igual me estoy tomando una Coca-Cola y ya van diciendo que me vieron borracho. Sólo hablan de mis salidas, pero por qué no comentan lo mucho que me estoy entrenando.

—¿No tiene miedo a fracasar en su regreso al ciclismo?

—No tengo miedo. Todos me conocen como ciclista. Si me duelen las piernas, no pedaleo. Pero cuando estoy bien, lo doy todo. Y esa sigue siendo mi filosofía. Si digo que estoy bien y que puedo volver a correr, es porque lo siento. La fortaleza física es lo más importante y la tengo. Luego también cuento con la confianza del equipo.

—¿Y si no puede volver a correr?

—Eso no lo contemplo. No me voy a retirar sin correr otra vez. Y lo haré en Banesto, que es mi casa.

—¿Se conforma con correr o también piensa en ganar?

—Sé que puedo volver a ganar, porque estoy incluso mejor que otros años. Me he marcado dos objetivos, uno en el Tour y otro en la Vuelta, pero prefiero no decirlos.

—¿Le ha ayudado el ejemplo de Armstrong o de otros deportistas con graves enfermedades?

—Sin duda. Todos esos ejemplos te ayudan a recuperarte, porque sabes que hay mucha gente en el mundo que sufre y que tiene ese poder de superación y de lucha.

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—En este período habrá usted hablado con muchos enfermos. ¿Qué ha aprendido?

—He aprendido lecciones sobre la vida. En las clínicas me he encontrado con gente con problemas increíbles, pero también con una gran fuerza para superarlos.

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