"La Vuelta ha igualado al Tour"
Enrique Franco ya ha puesto fecha a su jubilación: 2003. El momento no ha sido elegido al azar, porque en ese año se cumplirá el 25º aniversario de Unipublic al frente de la Vuelta a España. "No me iré del todo, pero sí dejaré de estar todos los días con la banderita en el coche", cuenta el alma mater de la ronda española. Desde su titubeante comienzo en 1979, la carrera ha crecido hasta el punto de que Franco la considera a la altura del Tour de Francia.

¿Tuvo que pasar muchas penurias Unipublic al inicio para relanzar la Vuelta a España?
El comienzo fue difícil, sí. Cuando Luis Puig nos ofreció la Vuelta, ya lo había intentado con otros organizadores, pero pedían dinero. En 1979, nosotros estábamos muy vinculados al deporte. Menos fútbol, hacíamos de todo. Cuando ya aceptamos, sólo quedaban tres o cuatro meses y únicamente teníamos un patrocinador, Lois, que ponía diez millones.
Aún así, la cosa arrancó.
Sí. Buscamos más patrocinadores, pero partimos pobremente. Por ejemplo, teníamos tres coches descapotables. El que llevaba al director de carrera era el mío particular y los primeros días lo condujo mi hermano.
¿Y el año siguiente?
También hubo problemas. Tengo un recuerdo muy amargo de 1980, porque TVE se negó a emitir los reportajes. Al final llegamos a un acuerdo, pero los resúmenes fueron sin tomas publicitarias. Paralelamente, los equipos, encabezados por Santiago Revuelta, del Teka, pidieron más dinero en la salida y Puig aceptó.
Pero en 1981 ya no aceptó usted y se le plantó el Teka.
Revuelta volvió a pedir dinero. El Teka tenía el mejor equipo, con los hermanos Lejarreta y Alberto Fernández, y encima salíamos de Santander con una crono. No pasé por el aro y la Vuelta empezó sin ellos. La cosa no pasó a mayores salvo por algunos insultos, pero, por la noche, en la SER tuve un careo y me pusieron a caldo.
¿Cuándo comienza el relanzamiento de la Vuelta?
Sin duda, en 1983. El año anterior nos quedó el mal sabor de la descalificación de Arroyo, pero no afectó al desarrollo de la carrera. Y así llegamos al primer año con televisión en directo, que coincidió con la presencia de Hinault. Aquello creó mucha expectación.
¿Qué otros momentos hicieron crecer a la Vuelta?
La segunda fecha clave fue cuando cambiamos la Vuelta a septiembre. Cuando presenté el proyecto nos criticaron mucho, pero el tiempo nos ha dado la razón. Antes éramos la cola del tren y ahora nuestra locomotora es igual que la del Tour y mejor que la del Giro. Y el Tour sigue ahí sólo por su carisma... ¡Si yo pudiera organizar la Vuelta en julio! Una vez propuse a la UCI rotar las fechas de las tres grandes, pero, claro, en Francia no quisieron.
Usted ya ha puesto fecha a su jubilación para el próximo año. ¿Qué le va a quedar pendiente?
He dicho muchas veces que me hubiera gustado subir al Teide y a la Bola del Mundo. Pero hay más cosas: gracias a un reportaje de AS hemos sabido del Pico de las Nieves en Gran Canaria y también hemos descubierto un Angliru en Almería... Además, me gustaría que el ganador del Tour fuera un español y viniera a la Vuelta.
Justo lo que no hizo Indurain.
Sí, ésa es una de mis grandes penas. Si Indurain hubiera corrido la Vuelta, el boom hubiera llegado con él. Luego se retiró aquí y eso siempre quedará en la historia, pero no es lo mismo.
¿Y volver al País Vasco no le queda también pendiente?
Es otra de mis penas, porque allí está la afición que más ama al ciclismo. Hemos recibido propuestas de Bilbao y Vitoria, pero no existe unanimidad política.
¿Ni tampoco a Navarra?
Hemos ido tres veces y en todas hubo problemas. En la última surgió otra anécdota, porque hubo amenaza de bomba y los ciclistas me hicieron pactar en la salida que mi coche iría toda la carrera junto a ellos. Por si acaso.
¿Cuál fue su mejor Vuelta?
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Me quedo con la de Hinault en 1983, pero hay otras grandes como cuando Perico ganó a Millar en 1985, o la de Rominger a Zülle en 1993, o las tres últimas...
En los últimos años se han descubierto puertos nuevos. ¿Por qué no se hizo antes?
Porque las cosas han cambiado. Desde los Lagos es verdad que nos estancamos un poco, pero ahora son los propios aficionados o las Diputaciones las que nos escriben hablándonos de puertos. Así hemos descubierto el Angliru, la Pandera, Aitana... La gente se ha dado cuenta de que la Vuelta genera riqueza.