"El Tau se crece en la adversidad"
A sus 23 años recién cumplidos, Andrés Chapu Nocioni es uno de los mejores aleros que juegan en Europa y pieza clave en la selección argentina.

Tiene usted pasaporte italiano pero creo que no conoce bien cuáles son los colores de la bandera transalpina.
Bueno, bueno, eso fue una confusión. El otro día, mientras viajábamos a Israel, me lo preguntaron y metí el azul por confusión pero sé perfectamente que es roja, blanca y verde. Conozco bien Italia y la he visitado muchas veces.
Pero se puede decir que, lo que es sentirse, ¿argentino y punto?
Sí. Argentino hasta la muerte.
A propósito, ¿qué análisis puede hacer de lo que está sucediendo en su país de origen?
Es algo muy duro porque Argentina es una tierra muy rica, pero los gestores lo han hecho realmente mal. Cada vez que hablo por teléfono con mis familiares me dicen que el país sufre unos problemas tremendos. Ellos, gracias a Dios, no tienen grandes complicaciones.
31 puntos, 10 rebotes y 8 asistencias. Cifras sin precedentes para Nocioni, ¿no?
Bueno, jugando en la liga argentina ya tuve unos registros similares. Creo que mi mejor marca anotadora fue de 33 puntos. Pero en la ACB, ésta es la mejor estadística que he firmado. Eso no quiere decir que haya sido mi mejor partido. Creo que hay muchas facetas del juego que luego no salen expresadas en las estadísticas.
Jugar de 4 por las circunstancias del equipo no sé si le favorece o le perjudica.
Lo importante es el colectivo y si hay que ayudar dentro, se hace. De todas maneras espero que los hombres altos se recuperen pronto y yo pueda jugar como alero.
Parece que el Tau va reencontrando poco a poco sus señas de identidad, ¿no?
Vamos mejorando, pero no tenemos que bajar la guardia. Este es un equipo que se suele crecer en circunstancias adversas. A Tel Aviv, por ejemplo, viajamos sin Scola y con la situación difícil, pero ganamos.
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Al margen del baloncesto, ¿qué aficiones tiene?
Me atraen la informática y el cine. Mi novia y yo hemos visto ya casi toda la cartelera. También me acabo de comprar una televisión estupenda, aunque no tanto como la de Luis Scola.