Yo digo Manuel Esteban

Derecho a cuestionar el sistema

Manolete
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Sigue sin gustarme la manera de plantear los partidos del Atlético. Salvo las citas ante el Betis y el Espanyol, que los jugadores entendieron las ideas de su entrenador, la realidad es que los males atléticos están en la sala de máquinas. Entre los mediocentros y las tres mediapuntas no existe la cohesión necesaria a la hora de plantarse en el campo, y el conjunto se rompe y se hace largo en los primeros minutos. Tampoco es que la pelota queme en los pies. Lo que sucede es que como no hay apoyos la única referencia que encuentran los defensas para iniciar el ataque son buscar balonazos hacia el Niño Torres, que se desespera porque le envían unos melones imposibles de superar. No es extraño que la gente que aprieta al máximo, cosa que sucedió en Pamplona y Vitoria, tengan mucho terreno ganado. Albertini se raja a la hora de asumir su mandato y por lo tanto se pierde la brújula a la hora de la creación. El Atlético se vuelve vulgar y se convierte en un galimatías casi imposible de descifrar. Cada uno hace la guerra de guerrillas y es urgente tomar decisiones transcendentes. Luis ya ha probado con todo lo que tenía. Los datos señalan que tanto Nagore como Movilla deben ser los dueños del centro del campo. Basta de permutaciones que lo único que provocan son dudas y desestabilizar a toda la gente.

Sigo pensando que el tradicional 4-4-2 sería mucho más potable. Nuestro Niño necesita un compañero que le abra los huecos arriba. La presencia de un enganche, bien puede ser Jorge, es una cuestión de estado para tener cierta solvencia y coherencia para romper al adversario. Tampoco se puede obviar el mensaje de que estos futbolistas si se olvidan de la garra, presión, achique de espacios y confianza que mostraron ante la gente de Víctor Fernández, se convierten en un rival bastante ramplón. La teoría del mal de alturas huele a cachondeo. El Atlético tiene que salir con el mismo espíritu que exhibe ante el Barcelona o Real Madrid, cuando juega ante el Recreativo o Sevilla. Cambiar estos planteamientos es moverse en el hilo del alambre de caer a las profundidades de la clasificación. Es necesario entonar el mea culpa. Las vacaciones pueden venir fenomenal para que el propio Luis recapitule y valore la posibilidad de rectificar un camino que a lo mejor no es el adecuado. Todos tienen el derecho a cambiar. Ahora la cuesta de enero se presenta llena de padecimientos tras la mala imagen ofrecida en las últimas salidas.

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