Yo digo Alfredo Relaño

Que el cierre del Camp Nou sea el último

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
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Para esta noche se espera el cierre del Camp Nou. Merecido, a la luz de los hechos. Será por pocos partidos, que se reducirán en el futuro, pero habrá cierre efectivo. Eso acabará con un largo historial de impunidad de ese campo, cuyos altercados (algunos tan graves como la agresión al árbitro Melero Guaza por expulsar a Cruyff) siempre han sido pasados por alto por un temor casi reverencial. El Barça era más que un club, el Barça era civilidad, el Barça era la lucha de un pueblo por su identidad, el Barça era un valor superior que merecía ser defendido...

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Ahora que la cara del Barça es Gaspart, elegido democráticamente por sus socios, es difícil defender aquellos argumentos y sostener la prolongación indefinida de aquella impunidad. Aquel barcelonismo ideal o ideado ha parido en el tiempo a Gaspart, a sus boixos, al locutor institucional que abre pausa para que piten a Figo. A la botella de JB, a la cabeza del cochinillo, a Masfurrol diciendo que eso era un montaje de la prensa madrileña, a los mecheros y a las pelotas de golf. Ha dado lugar a una situación en la que, por mucho que duela, el cierre es inevitable.

Pero ojalá que fuera el último. Bastaría colocar cámaras enfocadas a las zonas preferidas de ultras para identificarles. Y luego legislar contra ellos penas blandas: los días de partido, a hacer obras sociales o a la comisaría a entregarse al pacífico y provechoso ejercicio de la lectura. Ya existen esos medios, pero no se usan por pereza institucional. Luce más poner cara sesuda y participar en jornadas contra la violencia en el fútbol. Y de cuando en cuando cerrar un campo por más o menos partidos, después de un peloteo leguleyo que deja a todo el tinglado con el culo al aire.

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