Ayer se escucharon petardos en Barcelona
Lo que le faltaba al Barcelona era justamente esto: que el Madrid trasladara a Son Moix su exhibición de Yokohama. Y ante el segundo del campeonato, al que no se le pueden poner peros. El madridismo está tan crecido que Guasch me asegura que ayer se escucharon petardos en Barcelona acompañando los goles del Madrid. Es la ley de los vasos comunicantes, que se cumple inflexiblemente entre los dos grandes de nuestro fútbol: cuanto más decaído está el ánimo de uno, más elevado está el del otro. Pero tantísimo contraste hace mucho que no se conocía.
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Porque Ronaldo ya corre y el Madrid vuela. A Ronaldo ya le busca el equipo, y también él está más afinado, más presto, más pendiente, más listo para la arrancada. Y cuando se produce la conexión el efecto es fulminante. Su sprint corto es demoledor y desde que arranca tiene el gol en la cabeza como única salida posible. Un jugador distinto y superior, en cuyas manos el Balón de Oro estará la mar de cómodo. Justo lo que el Madrid necesitaba para combinar su juego de toque y distracción con esos acelerones, tan brasileños, que suelen acabar con estropicio en la portería rival.
También Raúl se encontró con el gol, y ya venía necesitándolo. Como siempre, ha sabido resolver por voluntad y conocimiento del juego los problemas de compenetración con el nuevo compañero. Su caso es parecido al de Del Bosque, sólo que dentro del campo. Con cada megaestrella que aterriza se le plantea un nuevo problema de adaptación, de búsqueda de automatismos, de hallazgo de los espacios de cooperación. Como Del Bosque, los resuelve desde un enfoque simple: lo importante aquí no soy yo, sino el equipo. Y así llegan ambos a ser tan importantes como son.
