Por amor propio
Osasuna ganó con justicia gracias a un golazo de Rivero ante un Atlético que envió dos balones a la madera de Sanzol
La honradez y el trabajo intenso de Osasuna fueron sus virtudes para ganar a un Atlético que nunca pudo superar la presión de su rival. Los de Luis tuvieron una cita incomoda y de pelea física en la que entregaron la cuchara, ya que no supieron adaptarse. Javier Aguirre enseñó un bloque perfectamente estructurado, que supo explotar sus virtudes y que tiene una fe ilimitada en su lucha de hombres.
El Atlético salió envalentonado. Asumiendo su condición de equipo grande y moviendo Movilla a las mil maravillas a sus compañeros. Osasuna parecía asustado. Regalaba con prontitud la pelota y no conectaban bien sus líneas. Hubo un disparo de García Calvo al poste y un penalti no señalado de Mateo por claro agarrón a Coloccini. Solamente había un color. Los rojiblancos estaban con hambre de seguir subiendo en la clasificación.
Poco duró el panorama, ya que poco a poco la presión navarra comenzó a dar sus frutos. Pablo García y Alfredo se comieron a un Albertini desaparecido en combate. Iván Rosado, jugando entre líneas, gozaba de mucha libertad, y la marejada rojilla se acercó sobre Esteban. Stankovic no tenía respiro con Izquierdo y el planteamiento atlético se hizo más conservador, ya que su defensa se achicó sobre su área y se olvidó del achique de espacios.
Esteban se tuvo que emplear a fondo en los saques de esquina. Rivero y Moha probaron el lanzamiento lejano sin mucho éxito. Coloccini, Hibic y García Calvo se tenían que multiplicar. Luis estaba enojado. El Atlético era un mero espectador. El balón no sabía de qué color era. Para buscar soluciones sacó a Jorge, pero ni por esas. Javier Aguirre había logrado ahogar la maquinaria madrileña. Poco a poco, los osasunistas fueron avanzando líneas y acabaron el primer tiempo metiendo en el área a su adversario. El combate tenía un claro ganador a los puntos en el Osasuna, que se merecía la victoria. La lucha física favorecía a los navarros.
Golazo.
En el segundo tiempo parecía que el Atlético había vuelto a encontrar su modelo. Se hizo con la pelota, tuvo una buena contra con Fernando Torres y José Mari y de repente llegó el chutazo de Rivero y un golazo que no pudo ver Esteban al llegar mordida la pelota por García Calvo.
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Luis se la jugó con Dani y colocó a José Mari como punta nato para aprovechar su velocidad. Los navarros pudieron sentenciar en plena euforia, pero Aloisi se olvidó el balón y posteriormente Iván Rosado se encontró a Esteban. El Atlético se dejaba el alma en cada pelota, aunque siempre estaba rodeado de rojillos que no le dejaban imponer su autoridad. Aguilera cabeceó al larguero. No era su noche.
La historia es fiel con el Atlético. Cuando tenía todo a su favor para seguir ascendiendo sufre la segunda derrota de la temporada. Eu naufragio de su centro del campo fue evidente, ya que Albertini estuvo lamentable. Osasuna siguió con su política de volver locos a los grandes. Valencia y Atlético han visto como les han mojado la oreja. Los navarros son un conjunto bien estructurado y que desde luego tiene un amor propio imbatible. El Atlético ha caído de su bello sueño y ahora tendrá que seguir luchando contra su infortunio.
