Yo digo Alfredo Relaño

Ante el inevitable primer cierre del Camp Nou

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
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Es inevitable, más allá de campañas o anticampañas. Es lo que hay. El Camp Nou será cerrado, por uno o varios partidos, según se huevee el asunto, porque es inevitable que así sea. Porque se ha convertido en un espacio irrespirable los días de visita del Real Madrid, pero no sólo esos días. El mal tiene más brotes. El portero del Panathinaikos fue alcanzado por una bengala y hay apercibimiento de cierre por parte la de UEFA. El propio palco lo asaltaron los boixos que le atacaron a un cámara de Antena 3 en un Barça-Osasuna de Liga. Allí crece poco a poco la barbarie.

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El Camp Nou no ha sido cerrado nunca. Sí todos los demás campos de equipos de Primera, incluido el Bernabéu. Para ello había dos causas: la conducta generalmente correcta del público de allí y la indulgencia estrepitosa hacia hechos que se produjeron cada equis tiempo. Como la agresión al árbitro Rubio Melero por expulsar a Cruyff en partido contra el Málaga, que quedó impune. Cosas así fueron posibles porque el Barça se rodeó en el tardofranquismo de una consideración especial. Ya saben: más que un club, la sensibilidad de la nación catalana, el antifranquismo...

Todavía hoy quedan tics. Mariano Rajoy da muestras de cobardía moral al reclamar moderación de los directivos del fútbol. ¿De quiénes? ¿De Florentino Pérez acaso? No se atreve a decir Gaspart. Aún cuesta enfrentar lo que es el Barça de hoy: Gaspart fichando a lo loco y gobernando para los bárbaros que se concentran en los córners, convencidos de que Figo provoca porque leen lo que leen y escuchan lo que escuchan. Un Barça cuya fachada es la cabeza del cochino o el casco de JB. Nada que ver con Barcelona, con la catalanidad, con Europa, con el civismo.

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