Óscar Vázquez corona el oro del equipo masculino
Oro, plata y bronce fue el balance español en la segunda jornada de los Mundiales de Madrid, y aunque no lidera el medallero porque Japón se impone en las katas, el doblete conseguido en kumite, femenino y masculino, eleva el listón de España a máxima potencia como sucesora de Francia.
Tenía tres minutos por delante, los últimos de todo un complicadísimo campeonato masculino por equipos. España había derrotado a los favoritos, a Francia en cuartos, y se había plantado en la final ante Inglaterra, con un camino más cómodo. Allí estaba Óscar Vázquez, con la final empatada a dos, con la necesidad de ganar para darle a España el título mundial, para que se pudiera hacer el doblete.
Con tablas en el marcador, ante un negrote inglés imponente, dos cabezas más alto que el español, cuatro tallas de cuerpo más grande, la pelea hubiese estado desequilibrada sino fuese porque la anguila asturiana es de una pasta especial.
Con el pie medio roto de un combate matinal, con la presión de tener que superar a aquella muralla, salió hecho una furia, paso adelante, paso atrás. Con movimientos de felino, con valentía.
Detrás, en el tatami lateral, Iván Leal se tapaba la cara. No quería mirar. Había ganado el primer combate, pero si perdía el de Grado, adiós a todo. Patxi Martínez, que también había ganado su combate, pedía apoyo a la grada, se movía nervioso, sin querer ver, pero mirando de reojo.
Con ellos, abrazados, David Santana y Ángel Ramiro, los derrotados de la final, pero artífices de que España estuviese allí peleando por el oro, por ser la nueva potencia mundial, la que suceda a Francia en el reinado.
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Vázquez, concentrado, con la mirada clavada en los ojos del inglés, fue puntuando, moviendo al rival, sin volver la cara. Como siempre, como demuestra su historial, como esperaba Egea, el veterano campeón que antes del combate definitivo ya le había cogido por banda para darle el último consejo, para animarle, para quitarle presión, para decirle hazlo como tú sabes campeón.
Así fue como Vázquez le dio a España el punto defintivo, el 3-2 de una tremenda final, el combate que redondeaba una jornada marcada por las dificultades pero que así, el oro, sabe mejor, más auténtico, con más solera, porque España ganó a todos los importantes, para que no se pueda dudar de su éxito: 3-0 a Yugoslavia, 3-2 a Francia, 3-1 a Rusia y 3-0 a Turquía. Con ese cuadro, no hay, España, el mejor equipo.
