Yo digo Alfredo Relaño

Ronaldo, el tiqui-taca y el ahí te va eso

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Andamos a vueltas con Ronaldo y con los dos goles que marcó en Corea, con sus cinco presencias mano a mano con el portero contrario. Jugadas de balones largos (salvo una, producido por un fallo defensivo) enviados por sus compañeros. Balones profundos, al claro, los que a Ronaldo le gusta perseguir, atrapar y apostar cara a cara con el portero. (Con muchas posibilidades de ganar, si miramos su trayectoria). Justo esos balones que el Madrid no le echa, o apenas le echa. Y que si se los echa, como hizo Figo el día del Rayo, son medio gol. El otro medio lo pone él.

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Es verdad que Ronaldo aún está pesado, que no presiona, que pasa de según qué cosas. Pero eso no debe ser sorpresa. Ya Scolari, en el Mundial, le reprochaba eso. Cuando el Madrid fue a comprarlo, sabía el tipo de jugador que compraba: un especialista en los últimos metros, en los que bien alimentado de balones puede ser fulminante. Un goleador de sprint corto, disparo poderoso, regate simple, de jugadas en las que si parte con alguna ventaja agranda la brecha con facilidad y marca el gol o lo roza. Y que en unos casos u otros levanta al público de los asientos.

Así que necesita balones largos, como aquel de Figo. Y si no se los mandan, si se los mandan al pie, es poco, o no es nada. Del Bosque dice: "Si no hay movimiento es imposible que se la den". Pero Ronaldo piensa que si no se la van a tirar larga para qué moverse. El Madrid toca mucho, y eso está bien para distraer al rival, aburrirle, sacarle del juego. Pero si tras el toque no hay intención de sorprender, de mezclar juego, si no late la expectativa de un ahí te va eso, de un pase de ruptura, el aburrimiento se extiende de los rivales, al público y a Ronaldo. Y en ésas estamos.

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