Yo digo Alfredo Relaño

Zidanes, Pavones y pasajeros

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

En el Madrid de Florentino no hay sólo Zidanes y Pavones. También hay otros. No son megaestrellas ni son canteristas que empiezan su carrera, con la ilusión del que está de ida en el fútbol. Son suplentes que están de vuelta, que un día aspiraron a algo que no se va a producir. Son pasajeros de un lujoso autobús que cada poco tiempo se para en una Copa de Europa o en una Liga, o en una Supercopa o en una Intercontinental. Entonces se bajan, se hacen la foto con los Zidanes y los Pavones y quedan la mar de guapos, y luego se vuelven a subir a él. Y hasta la próxima parada.

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De vez en cuando les toca jugar algún partido y no se les ve rebeldía. No es que sean mejores o peores, es que no se les ve rebeldía. Valdano consiguió dar salida a un buen número de ellos este verano, pero ni se fueron todos los que son ni son todos los que se fueron. Quedan todavía algunos en la plantilla, y para que sigan ahí se tuvo que marchar, por ejemplo, Fernando al Betis. Se suele saber de ellos porque tal se estrella de madrugada contra la valla de la Castellana frente al Museo del Prado, o porque cual decide apuntarse al trasnoche de Ronaldo en A Coruña.

No todos los que no son Zidanes o Pavones son pasajeros en el autobús. Existe Solari, ejemplar donde los haya. Por eso lo quiere el Inter. Pero hay esos otros a los cuales, y por no sé qué retardatario sentido del escalafón, Del Bosque antepone a los nuevos Pavones. Y anoche eso le costó al Madrid llevarse un buen susto frente al Genk. Esos pasajeros cierran el paso a jugadores de la cantera que están de ida, que se entrenan con fe, que provocan ilusión en los aficionados y que al menos tienen alguna posibilidad de conseguir lo que los otros ya no conseguirán nunca.

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