Yo digo Alfredo Relaño

Reflexiones a la espera del cierre del Pizjuán

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Hacia finales del mes de agosto hubo un feo y turbulento suceso en Sevilla. Un asalto a un estanco que acabó con la muerte de un muchacho, presunto atracador, por disparos de las fuerzas del orden. En su barrio, de una zona marginal de Sevilla, ha habido a partir de eso alborotos, desafíos a la autoridad, disturbios. Reacción de los amigos del fallecido. De ese mismo barrio, del núcleo de los amigos de aquella víctima de sí mismo, de sus propios errores, o de todos nosotros, eran los agresores del guarda jurado del Sánchez Pizjuán, aquel día del Sevilla-Betis.

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«Anteayer salió libre el que más tiempo llevaba detenido, el agresor de la muleta. Está fuera, y ojalá lo que ha ocurrido le sirva para reflexionar y encarar la vida con otra actitud. Pero mientras, el Sevilla espera con aprensión la confirmación del cierre por cuatro partidos de su estadio. Cuatro partidos le crujen al Sevilla, en lo económico y en lo deportivo. Cuatro partidos por el desahogo de unos muchachos de barrio que arrastraron al Sánchez Pizjuán la frustración por su desastre vital, por un suceso trágico, por el sombrío reflejo de la marginación barrial.

«Toda la participación del Sevilla en el caso se reduce a disponer unos guardas jurados para antes del partido, mientras llega la Policía Nacional. Cuando uno de ellos recrimina a los marginales por robar balones en el calentamiento se lleva la paliza de una jauría de frustrados que se desahogan sobre ese uniforme por la muerte de su amigo. Quince cámaras de televisión captan la agresión y eso provoca la inevitable alarma social. ¿Es justo el castigo de cuatro partidos al Sevilla? ¿Esto es violencia provocada por el fútbol, provocada por el derby? ¿Qué arreglamos cerrando el Pizjuán?

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