R. Navarro se cargó la ilusión del Zaragoza
El ariete del Alavés hizo dos goles que sentenciaron a los de Flores

El Zaragoza se las prometía felices en la Copa, por darse un gustito al cuerpo entre los padecimientos de la sufrida Segunda y porque ya había eliminado al intratable líder de Primera, la Real Sociedad, en la primera eliminatoria. Pero apareció Rubén Navarro, un delantero en racha que, no se sabe por qué extraña conjunción astral, se ha convertido en un especialista en aguarle la fiesta al Zaragoza venga con quien venga. El de Sallent siempre encuentra huecos en las porterías de La Romareda. Lo hizo con el Numancia en 1999, cuando marcó tres goles que significaron un empate. Y lo hizo también la temporada pasada, cuando los dos goles de la igualada cosechada por el Alavés salieron de sus botas.
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Lo raro es que con estos precedentes los defensas del Zaragoza no le tengan cogida la medida. Ayer cayeron otros dos y pudieron ser más, porque el delantero está en estado de gracia aunque su equipo salió algo parado y decidido a tantear a los de Paco Flores antes de ver por dónde podía hacer daño. Duró poco el estudio del entramado maño. Lo justo para que el once de Mané metiera el miedo en el cuerpo a Láinez cuando Navarro le mandó el cuero a la red, pero fue sólo un primer aviso, porque Moreno Delgado anuló el gol correctamente por fuera de juego. Algo que no ocurrió después, cuando Navarro consiguió romper la línea y volver a alojar el balón dentro. Luego Ilie haría otro roto a la defensa para dejar solo a Navarro, que únicamente tuvo que empujar.
La segunda mitad fue un quiero y no puedo del Zaragoza, que a pesar de tener el balón no dispuso, sin embargo, de los recursos necesarios para hacer daño, con el problema añadido de tener atrás una defensa que hacía aguas. El Alavés, ante ese panorama, se dedicó a administrar su ventaja, aunque con el peligro que suponía especular demasiado con Cani, que consiguió mojar, merodeando el área. La entrega del chaval fue lo mejor ante los chicos comandados por Navarro, que hicieron añicos la ilusión maña.