No vale correr sólo cuando no hay remedio
Por primera vez Del Bosque pudo poner en la foto de salida a todos sus mejores. Una foto impresionante de verdad. Jugadores coruscantes, celebridades del momento, jóvenes amados y deseados, cuyo sólo nombre en una camiseta blanca hace que una cosa tan simple se venda por decenas, centenas de millares. Yo creo que ni Santiago Bernabéu llegó a reunir una constelación así, y que me perdonen mis mayores. Pero a este grupo le falta un punto de aplicación, una ética del esfuerzo, una disciplina de trabajo que les permita resolver el día a día. Y así van.
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Porque van mal. Ya son cuatro partidos consecutivos sin ganar, y el próximo, ojito, es Riazor. Por primera vez en mucho tiempo ha perdido en el Bernabéu, ante su público, que acudió ilusionado y se marchó defraudado por la calma con que jugó el equipo. El Madrid sólo fue el que sus aficionados quieren durante los últimos veinte minutos. Entonces arreó, quitó, corrió hacia arriba y hacia abajo, llegó, remató... Pero no tuvo suerte ni la merecía, porque antes había traicionado su valor más reconocido, el que le ha hecho distinto durante tantos años: su compromiso con el esfuerzo.
Eso hay que buscarlo ahora en otros sitios. En Riazor, por ejemplo, donde el Depor apretó de principio a fin, cuando se sintió bien y cuando se sintió mal. O en Anfield, o donde quiera que sea que juegue el Valencia: concentración, intensidad, esfuerzo. No sólo al final, cuando la necesidad aprieta, sino de principio a fin. Del Bosque dice que para crisis la del Barça, que hace tres años que no gana nada, o la del Bayern, fuera de la Champions. Gran cagada. Es el peor día para decir eso. Justo el día en que a semejante constelación de estrellas le han echado el toro al corral.
