Entrevista Casillas

"Es un gustazo que los niños quieran ser Iker Casillas"

Vive un buen momento y ya se ha olvidado de su etapa en el banquillo. Ha conseguido la fidelidad absoluta de todo el madridismo y lo sabe. Ya nadie le discute que es una estrella más del Real Madrid. Reconoce que tiene más confianza que nunca, pero también confiesa que aún tiene mucho que aprender. Es simplemente Iker Casillas.

"Es un gustazo que los niños quieran ser Iker Casillas"
Carmen Colino
Editora Jefe de Eventos deportivos
Editora jefe de Eventos Deportivos. En AS desde 1996, de ellos 22 años en la sección del Real Madrid siendo responsable de la misma desde 2006. Dos años en redes sociales y ocho de responsable de Verticales y Actualidad. Vicepresidenta de la Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid. Colaboradora de El Chiringuito de Pedrerol, Atresmedia.
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Otro partido empatado, ahora con el Villarreal, aunque usted tuvo una buena actuación.

—Prefiero conseguir las victorias sin hacer paradas.

Esta vez no pudo detener el penalti, como hizo con el Alavés.

—No siempre es posible. Pero es increíble que no hayan pitado este año cuatro penaltis. Los árbitros deberían analizar más las jugadas y pensar una milésima de segundo lo que pitan porque algunos que nos han pitado se los han sacado de la manga.

Y la defensa, ¿es tan mala?

—No, absolutamente no. Todo va por rachas. Siempre se tiene que hablar de algo y ahora critican a la defensa, pero no es el mejor momento para hacerlo porque el equipo está bien.

¿Y lo centrales?

—Discutir la calidad de Hierro después de tantos años en el Madrid es de ineptos. Y Helguera como central es impresionante. Encima tenemos excelentes recambios como Pavón, Rubén o gente de la cantera que dará que hablar en el futuro.

¿El Real Madrid tiene un equipo de ensueño?

—Es un etiqueta que nos han puesto. No vamos alardeando de equipo de ensueño. Los que dicen que lo somos, nos critican otro día. Somos una plantilla con grandes estrellas, pero somos humanos y hay fallos.

¿Fue en Glasgow donde cambió su rumbo como profesional?

—Esa final fue un premio justo después de haber salido del equipo. No sé si fue cosa de brujas, ángeles o qué sé yo. Pero Iker no cambio esa noche, fue mucho tiempo atrás. He aprendido a valorar otras cosas, cosas que tenía olvidadas. He sabido aprender de los errores y de las virtudes y he madurado rápido. Conservo a los mismos amigos porque en el Bernabéu soy Iker Casillas portero del Real Madrid, pero cuando salgo de allí soy simplemente Iker.

¿Qué le dio el Mundial?

—La oportunidad de cumplir un sueño. Cuando dejé de jugar en el Madrid quería ir, verlo y disfrutarlo, pero sabía que no tenía opciones de jugar. De pronto todo cambió y tuve que espabilarme.

Dicen que falla por alto...

—Sí, pero he mejorado mucho, pero no sólo en eso, también en otras cosas más. Está claro que para quitarme ese sambenito tendré que seguir trabajando. De las diez veces que salgo, nueve lo hago bien y una mal... pues siempre se acuerdan de la que he salido mal.

¿Desde cuando es la mejora?

—Este año. En el Mundial cogí mucha confianza por alto. Reconozco que no estoy al cien por cien en esa faceta, pero tengo que seguir aprendiendo y valorándome más.

¿Es falta de confianza?

—¡Que va! Confianza tengo mucha. Si pierdes la confianza en ti mismo eres hombre muerto y más en el fútbol. También he mejorado en salir con decisión, en arriesgar en un momento dado. Si fallas es mala suerte, pero siempre hay que dar la cara

¿Y cuáles son sus defectos?

—No sé si tendré más virtudes que defectos, pero tengo hasta los 25 años de meta para seguir evolucionando como portero. Según dicen los expertos, póngalo entre comillas, la madurez de un portero es a los 27, si llevo jugando en el Madrid desde los 18, digo yo que a los 24 habré adquirido mi mayoría de edad (je, je, je). Miré, en el Madrid espabilas muy pronto. Jugar un año aquí es como tres en cualquier otro equipo.

Tiene 21 y parece que tiene 26.

—Sí, eso parece, pero los expertos no lo ven así y tienen quejas de mí.

Dice que no se ve ni titular ni suplente, entonces ¿cómo se ve?

—Me veo más seguro que nunca, pero sin confiarme... eso nunca.

El uno contra uno, ¿se aprende o es innato?

—Se aprende y se va mejorando cada día. Pero yo no me considero un experto en el uno contra uno. Tampoco me he fijado en nadie cuando era pequeño. Siempre se me dio bien...

¿Sabe que todos los niños quieren ser Iker Casillas?

—Es un gustazo que todos los niños quieran ser Casillas. Fue como cuando en su día apareció Raúl, los chavales se sentían identificados con él. Algo similar ocurrió con Julen Guerrero. Ahora me ha tocado salir a mí y se sienten más cerca de mí.

Los niños se disfrazan de usted.

—Yo también me disfrazaba de portero, lo tenía claro desde el principio. Todo lo que me pasa me parece raro y curioso. Hasta hace nada era yo el que estaba en el colegio y cuando paraba balones me decía: "Ha parado Buyo, ha parado Zubizarreta" y ahora paso por algún colegio y ves a los chavalillos que se hacen pasar por mí. Eso es algo que te gusta mucho.

¿Y sabe que es el portero del mundo que más camisetas vende?

—¿Yo? Pues no lo tenía claro, pensaba que vendía poco. Que se fijen en un portero es más difícil, siempre se compran las camisetas de los jugadores de campo.

Las piden de manga corta...

—Y no las hay. Las corto yo, son de fabricación propia.

¿Cuánto desterrará la camisa amarilla que se pone?

—No sé. Juego con el amarillo porque no puedo coincidir con el árbitro. Me da igual el color, lo importante es jugar. Muchos me dicen que es feísimo. Pero insisto, en lo que menos hay que fijarse es en el modelito.

Para el público ya no hay debate en la portería, ¿y para usted?

—Para mí nunca existió, no sé para los demás. A mí me beneficiaba porque salía en más fotos y más me conocían. Pero hay temas más importantes que discutir en esta vida. Yo cuando he tenido que jugar he respetado a todos y ya está. Yo no mareo la perdiz, nunca he levantado la voz ni lo pienso hacer.

Entra a su vestuario de la misma forma que entraba hace seis meses.

—Siempre he entrado firme, nunca he dudado de mí, pero sí he pensado muchas cosas. Lo que me pasó ya está olvidado y queda para consultarlo en las hemerotecas dentro de muchos años.

Y ya es un fijo para Iñaki Sáez.

—Me halaga, pero tengo que trabajar más porque con la edad que tengo si me lo ponen todo en bandeja me puedo dormir y la presión te obliga a apretar los dientes porque esto ya sé como es. Ha habido jugadores jóvenes que han subido al primer equipo y cuando parecía que eran dioses se le ha ido todo.

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¿Seguirá vistiendo la camiseta del Madrid siempre?

—Ojalá, pero siempre he dicho que la vida da muchas vueltas y quizá un día no cuente para un entrenador o no pueda demostrar lo que quiero y me tengo que ir a otro sitio. Ahora estoy aquí muy contento. No se me pasa por la cabeza dejar esto. Soy madridista desde pequeño, mi sueño era ganar muchos títulos con este equipo y quiero disfrutar de ello.

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