El misterioso embrujo de los zurdos
Nadie me ha sabido explicar nunca por qué, pero los zurdos son mejores en el manejo y el golpeo del balón que los diestros. Mire a su equipo y verá como seguramente los que mejor la tocan, los que mejor pisan, los que mejor chutan, son zurdos. Las dos piernas mejor dotadas para entenderse con un balón que nunca he conocido han sido dos piernas izquierdas, las de Puskas y Maradona. Roberto Carlos reclama hoy desde estas páginas más atención y laureles para su grandiosa carrera, construida sobre el impecable manejo de su zurda, mitad cañón, mitad taco de billar.
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Escribo esto un poco como homenaje a las dos maravillas de Roger ante el Recre, y otro poco por la emoción que me provoca la expectativa de ver de nuevo a Tsartas, el finísimo cerebro del AEK. Pasó por nuestro fútbol en la época más turbulenta de la historia reciente del Sevilla. Mala suerte. Pero dejó aroma de fútbol caro. Regresado a Grecia, ya hemos visto cómo hace dos semanas puso en serios apuros al Madrid en Atenas: tres saques suyos a balón parado valieron otros tantos goles. No es un jugador de gran despliegue, cierto, pero su calidad justifica un partido.
Sigamos: el Barça es un equipo deslucido desde que le falta la zurda de Rivaldo, para la que Van Gaal nunca hallará sustituto en su libreta. El Atlético añora el Stankovic que fue y no es, el anterior a su grave lesión, el que vimos en el Mallorca. ¿Recuerdan la que lió en el Camp Nou, con sus saques a balón parado? En la década prodigiosa del Depor ha flotado por encima de todo la constante calidad de la zurda de Fran, que no ha fallado a una sola cita. Valencia vive su historia de amor con Vicente. Y a Joaquín sólo le falta ser zurdo para ser tan perfecto como fue Gordillo. Vivan los zurdos.
