Madrid se enamora del tenis
Madrid tiene una cultura deportiva muy inferior a Barcelona y a otros puntos de España. En realidad es un monocultivo del fútbol, cada vez más del Real Madrid, cuyos aciertos le han ido dando unas dimensiones tan colosales que ahí se agota toda la atención deportiva de la ciudad. El resto de deportes sobreviven por iniciativas heroicas, entre indiferencia general y desdén de las instituciones. Pero ahora Madrid quiere cambiar eso. Quiere los Juegos Olímpicos, para el 2012 o para cuando sea, ha hecho propósito de enmienda y ha empezado a mirar otros deportes.
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Primero fue la Copa del Mundo de Atletismo, con un éxito discreto. Ahora está siendo el tenis, con un éxito rotundo. En ambos casos, los aficionados o simples curiosos han desafiado tapones de tráfico descomunales (menos mal que si alguna vez hay Juegos será en agosto) han acudido con buena disposición y han agradecido la oferta. Pero sobre todo el tenis, que lleva en la ciudad una semana y está levantando un clamor. Empezó entre cierta sordina, sólo rota por un puñado de entendidos, pero el boca a boca lo ha convertido en un suceso.
Lleno cada día, pasión por los partidos, la revelación de Feliciano López, el magnetismo de Agassi, público entendido y correcto y un mundillo glamuroso en los palcos y en la zona vips. Y Tiriac, tan feliz, paseando de aquí para allá su peludísima cabeza, seguro de haber encontrado otra plaza fuerte para el deporte que tanto cuida y del que tan bien vive. No sé si Madrid tendrá algún día que yo vea Juegos Olímpicos, pero bienvenidas sean estas iniciativas que combaten el monocultivo del fútbol y que le dan a mi ciudad un lustre y un nivel deportivo muy de agradecer.
