Cuatro capitanes en cuatro días
Dicen los clásicos que el mundo necesita democracia y extremo izquierda. Durante muchos años tuvimos aquí excelentes extremos izquierda: Gaínza y Gento, cuyas carreras se sucedieron. Gento hasta tuvo dos suplentes de lujo: Collar en la Selección y Manolín Bueno en el Madrid. Pero no teníamos democracia. Llegó la democracia y empezamos a flojear de extremos izquierda. Unos años de Chechu Rojo y si acaso Gordillo, magnífico, pero más lateral pluriempleado que extremo puro. Como López Ufarte, más interior pluriempleado que extremo puro.
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Hoy sí podemos decir que hemos cumplido el sueño de los clásicos: tenemos democracia y un extremo izquierda de los de verdad, Vicente, a quien ya no podemos llamar Vicentín. Un extremo puro, de los que la piden, encaran, atacan al defensa, buscan por fuera casi siempre, y sólo de cuando en cuando por dentro para cambiarle las referencias al defensa, desbordan y tienen aire para mirar, pensar y ponerla donde hace daño. Contra eso, contra un buen extremo, valiente, encarador, técnico y fresco, no hay nada. Y Vicente añade a eso la distinción de los zurdos.
Pero cuando más entusiasmados estábamos nos lo quitó Iñaki Sáez. En ese reparto de minutos al buen tun-tún que es costumbre en los partidos amistosos, la marea se lo llevó. Nos quedó el resto: Paraguay pegajoso y un equipo desestructurado, que por este camino no estructuraremos nunca. España ha jugado en cuatro días dos partidos. En esos cuatro días ha tenido cuatro capitanes: Raúl, Helguera, Mendieta y Michel Salgado. ¿Es sólo una anécdota? Quizá. Pero también es un síntoma. Y sólo uno, Michel Salgado, ha jugado los dos partidos completos. Otro síntoma.
