¡Maldita avería!
Freire rompió una rueda a dos kilómetros del final. El oro fue para Cipollini


Sólo el francés André Darrigade había conquistado cuatro medallas consecutivas (de 1957 a 1960) en la historia de los Mundiales, así que tampoco hay que tirarse de los pelos porque Óscar Freire no haya podido igualar tan infrecuente gesta. Perder un podio en una carrera tan abierta como ésta entra dentro de la lógica. El fastidio, ciertamente, no fue la derrota, sino la cara de tontos que se nos quedó a todos. A falta de dos kilómetros, cuando una treintena de corredores estaban ya lanzando el sprint para repartirse los metales, el cántabro sufrió una avería. Ya no había tiempo para reaccionar. ¡Qué bajón!
No fue un fallo mecánico, sino una avería más o menos típica entre los kamikazes del sprint. Óscar Freire estaba forcejeando con Erik Zabel para ganar la posición, cuando el pedal o el cierre de la rueda trasera del alemán contactó con la delantera del doble campeón mundial y le arrancó dos radios.
¿Se imaginan ustedes a Raúl perdiendo una bota en pleno lanzamiento de un penalti en el último minuto de la final del Mundial de fútbol? Pues eso. Al principio se especuló en el box español con la posibilidad de una acción premeditada. Pero el propio Óscar descartó esta opción, porque a 80 kilómetros por hora (ocurrió en una ligera bajada), ningún profesional se juega la vida para eliminar a un rival.
Un kilómetro antes, el pelotón había saltado en mil pedazos por una montonera que tumbó, entre otros, a Sevilla y Horrillo. Con 168 ciclistas todavía en carrera rozándose como locos para buscar las primeras posiciones, se veía venir algo así. Sin embargo, este accidente no influyó en el resultado final, porque delante habían sobrevivido todos los velocistas. Al contrario, dejó un sprint limpio para los especialistas.
Un tostón. La volata iba a ser la única dosis de emoción de este tostonazo de Mundial. Tras cinco horas y media aplastantes y soporíferas, tras estar más aburridos que un militar montando guardia en su garita, llegaba el momento de las medallas. Y allí no estaba Freire. ¡Qué siesta perdida! Mario Cipollini fue magistralmente lanzado por Giovanni Lombardi y batió a Robbie McEwen y Erik Zabel. Es decir, más o menos como en cualquier etapa llana del Tour, del Giro... ¡Qué tedio!
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Italia, quizá por primera vez en la historia, dejó aparcada su anarquía y trabajó como un equipo. Todos para uno. La victoria de Cipollini supone la 50ª medalla (16 oros, 19 platas y 15 bronces) de su país en unos Mundiales. El Rey León siguió siendo el hombre de los récords en el Campeonato más rápido de todos los tiempos.
Cipollini engrandeció mucho más su leyenda y su palmarés (181 victorias), pero no evitó la derrota de la épica del ciclismo. Un circuito llano es una farsa. Para esto, mejor organizar tres Mundiales en línea: uno para sprinters, otro para clasicómanos y otro para escaladores. Así, cada aficionado podría elegir cuándo es mejor echarse la siesta.