¿En cuánto quedará la sanción al Sevilla?
Desarmados y cautivos los biris que organizaron la barrabasada, el Sevilla espera con los dedos cruzados la sanción que le caiga. Cualquiera que sea, nos dejará mal sabor de boca. Y no sólo porque este asunto nos ha de dejar a todos por fuerza mal sabor de boca, sino porque la decisión que haya de tomarse chirriará con unos precedentes o con otros. Así que habrá motivo para escuchar quejas de agraviados. Quejas del Sevilla si se le castiga duro, porque argumentará, con razón, que otros se han ido de rositas. O quejas del Nástic o el Xerez, si hay indulgencia en este caso.
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Porque nuestros comités han llenado el pasado reciente de precedentes en cualquier sentido. La justicia de nuestro fútbol es arbitraria. Estos comités no hacen justicia, sino política, y todo su talento lo gastan luego en justificar contradicciones injustificables. Cuando el Sevilla dice que en el Bernabéu pegaron a Reina, que en Vallecas tiraron un grifo y que en el Camp Nou se encadenó un globalifóbico al poste, tiene razón. Pero si el Nástic y el Xerez recuerdan que a ellos se les cayó el pelo al final de temporada (no encontraron dos más infelices) también tienen razón.
No sabría decir qué sanción merece el Sevilla, ni si merece alguna. No es mi oficio ni mi afición. Sé que la opinión pública exige hacer algo, pero también sé que no son esas sanciones, sino la educación, lo que resuelve este problema. Sólo espero que sea cual fuere defina por fin una línea. O la de dureza, instalada con el Nástic y el Xerez, o la de indulgencia, empleada en general en Primera. Pero que defina una línea, que se mantenga esa línea en casos sucesivos y que dentro de unos años esas arbitrariedades a las que hasta ahora estamos asistiendo sólo sean un mal recuerdo.
