Igor y Aitor quieren el doblete en Zolder
Los González rebosan moral para la crono de mañana

El equipo español rebosa moral. "¿El doblete? ¿Y por qué no?", se preguntaba Igor González de Galdeano. "Es posible, claro", respondía Aitor González. Ambos viajaron ayer a Zolder (Bélgica) con una fijación: subir mañana al peldaño más alto del podio de los Mundiales en la prueba de contrarreloj.
Aitor e Igor, dos de los ciclistas más brillantes de la presente temporada, llegaron ayer cargados de ambición. "Si me encuentro como en la Vuelta, estaré en las medallas", dice el vencedor de la ronda hispana. "Yo me encuentro bien y quiero luchar por el podio, pero no sé cómo están los rivales", apuntilla el líder del pasado Tour.
Pero la ilusión tampoco disimula las dudas de los González. "Me preocupa si he hecho la preparación adecuada, porque después de la Vuelta estuve dos días sin tocar la bicicleta y, además, es inevitable descargarte de tensión tras lograr un gran objetivo y luego cuesta volver a recuperarla", se sincera Aitor. "Yo he hecho un buen trabajo, pero no tengo referencias", añade Igor.
Aitor González quiere ganar, pero tiene una lucha interna. Tras adjudicarse la Vuelta, su cabeza y su cuerpo le piden descanso. "Mi mayor motivación para la contrarreloj será que veré escrita la palabra vacaciones en la pancarta de meta. Por eso, cuanto menos tiempo invierta, antes acabaré la temporada".
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Pese a su humorístico análisis, no hay que engañarse por las apariencias. Aitor González es perezoso por naturaleza, aunque también un cuidadoso profesional desde hace un par de años. Ayer, antes de coger el avión en Madrid a la una de la tarde, estuvo entrenándose. Se levantó a las siete de la mañana en Torrejón de Ardoz, hizo un calentamiento y después afrontó un simulacro de contrarreloj de 30 kilómetros. Por la tarde, ya en Bélgica, también se machacó haciendo rodillo junto a su compañero Igor Galdeano.
Aitor sabe que ganar la Vuelta le ha puesto el listón más alto. Y Galdeano, que este año tuteó y hasta venció a Armstrong en una contrarreloj, tiene sensaciones parecidas: "Al no hacer una buena Vuelta, me marqué el Mundial como objetivo. Cuando me caí en Gijón me desanimé, pero ahora estoy otra vez ilusionado". Lo dicho: la moral rebosa.