La doctrina Bush en el Príncipe de Asturias
La mejor defensa es un buen ataque. Ataque preventivo, lo llama Bush. Según esta doctrina, hace algún tiempo se organizó un pequeño complot para evitar que el Real Madrid se llevara este año el Príncipe de Asturias. El asunto era serio, porque lo tenía a huevo. Centenario, con la novena Copa de Europa (más ocho de baloncesto, no lo olviden), un presidente que envidia el mismísimo barcelonismo, el reciente bombazo del fichaje de Ronaldo (más Zidane, más Figo, más todos los demás...) y todos los enchufes que se pudieran esperar del aparato del Estado.
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Hasta me consta que Carat, la empresa que se hizo cargo del Centenario y cuya cara visible es Miguel Ángel Rodríguez, ex ministro portavoz del gobierno Aznar, había asegurado el premio. Así que la cosa se presentaba brava. En principio se pensó en Schumacher para contrarrestarlo. Ya saben: cinco mundiales de Fórmula 1, los mismos que Fangio. No era grano de anís. Pero, consultado por el Patronato, Schumacher advirtió cortésmente que no acudiría a recoger el premio. (No me extraña, dada la relación de ganadores, tan errática y poco atractiva).
Entonces a alguien se le encendió la luz: ¡Brasil! Cinco mundiales. Los manejos para colar esta anticandidatura fuera de plazo se los contamos en la última del domingo. Y ha ganado. El Madrid queda para mejor ocasión. Para cuando acumule tantos méritos como Sito Pons, pongo por caso. Veamos el lado bueno. En Brasil se premia, por una vez, el fútbol. En Brasil se premia a Garrincha, Didí, Pelé, Sócrates, Zico, Romario, Roberto Carlos, Rivaldo y Ronaldo entre otros. Y además, no ganando el Madrid nos evitamos que algún miembro del jurado se nos suicide a lo bonzo.
