Del Angliru, Anoeta y Valerón
La gran tarde del sillón-bol. Una espectacular entrada del otoño. Entre las nieblas del Angliru se desarrolló un drama espeluznante, con buenos y malos, con verdugos y víctimas. Deporte puro, deporte extremo, mueca de dolor en esos hombres forzados a subir rampas más terribles con el asfalto mojado, la lluvia sobre las cabezas y varios puertos ya a la espalda. A mí me gusta, y les pido perdón por ello a los ciclistas. Me gusta porque acentúa la devoción que siento por ellos, por su deporte.
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Luego Anoeta. De nuevo deporte puro, fútbol puro, con dos equipos desplegando al viento todas las virtudes de este eterno y emocionante juego. Equipos al ataque, jugadores entregados, decididos a poner lo mejor de sí: su destreza, su fuerza, su solidaridad, su concentración, su picardía. Una bella forma de dar la razón al editorial de ayer del Corriere dello Sport, que clamaba porque el fútbol italiano cambie el camino, olvide su terco empeño en mantener sus maneras e imite lo que aquí se hace.
Una sola nota oscura en la jornada: Valerón tiene para dos meses. Peña le sacudió por detrás el sábado y ayer supimos que le ha roto el peroné. Valerón, generoso, le perdona. A mí me cuesta más perdonarle. Y a Pérez Burrull, que le dejó en el campo después de eso. Como sus colegas dejaron también en el campo la semana pasada a Pablo Alfaro y Ballesteros tras partirles la cara a Aguilera y Torres Gómez. Árbitros, por favor, tomaros en serio lo que es serio y dejaros de tonterías. Tenemos mucho en juego.
