¿Qué es lo que está lejos de qué?
Como el año pasado, ha habido revuelo con los campos de hierba artificial en esta eliminatoria de Copa. Como el año pasado, ha habido grandes que han optado por la actitud generosa de desechar la posibilidad que les ofrece el reglamento de la competición (exigir un campo alternativo, de hierba natural) y otros que sí la han aprovechado. En el primer caso está el Atlético de Madrid. En el segundo, el Depor y el Mallorca. Están en su derecho, pero no se les puede elogiar. Me parece más elegante la actitud del grande que acude al campo que le cae en suerte.
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Hacerlo es hacer un homenaje al club rival y a su afición. Hacerlo es rendir tributo a la esencia del deporte, que se montó, antes que sobre ninguna otra regla, sobre las de cortesía y buena convivencia. Y los campos de hierba artificial ni lesionan ni gaitas, y ya se sabe. Si la Federación admitió en su día la necesidad de un campo alternativo fue para que los grandes tragaran con este sistema de Copa, al que ponen pegas por todo. Hasta que el campeón del torneo vaya a la Champions, como debería ser, según comentamos en esta misma columna ayer mismo.
Y luego están los viajes, de los que se quejan casi todos. Aquí vale aquello de El Gallo que a la vuelta de una temporada en América desembarcó en La Coruña. Tenía prisas por coger el tren para ir a Sevilla. Pero sus partidarios le querían agasajar y trataban de disuadirle: "¿A Sevilla? ¡Quédese unos días! ¡Con lo lejos que está Sevilla...!" Y él contestó: "No, lo que está lejos es esto. Sevilla está donde tiene que estar". Así pensamos todos. Que es lo demás lo que está lejos. Nunca pensamos, por ejemplo, que los canarios se tiran el año tomando el avión para venir a la Península.
